La bala de 720 metros de dudas

Un niño de 7 años murió por un proyectil que ingresó a su casa. La familia está segura que el disparo salió de un club donde se practica tiro. Del otro lado, lo niegan.

Guayas /
21 abr 2019 / 00:22

Sus ojos se enrojecieron al escuchar el nombre de Dilan. A sus tres años, Alison ya entiende que su hermanito de 7 está muerto. En un susurro asegura que lo extraña. Era el lazo entre ella y su hermano mayor de 9, un niño con síndrome de Down y malformaciones en sus pies, a quien el ‘intermedio’ lo ayudó a caminar y a sortear los huecos del endeble piso de madera de su hilachada morada.

A las 15:20 del pasado 4 de abril, unos ¡bang!, ¡bang!, ¡bang! fueron el preludio de la tragedia que llegó al hogar de Dilan Leonel Duarte Banderas. Una bala calibre 9 milímetros ingresó de súbito a la vivienda de 6 x 4, que Roxana Banderas y su esposo José Duarte asentaron -hace dos años- entre palos de mangle, sobre el solar 16 de la manzana F39 de la cooperativa Una Sola Fuerza 3. Un asentamiento popular ubicado en el cantón Durán, en la provincia del Guayas a unas siete cuadras de donde se cree salió el proyectil.

Al escuchar el ¡piu!, la reacción de madre e hijo se cruzó en una mirada, sobre el lecho de la pareja. “Cuando vi que se puso blanco, con los ojos que se le viraban y cayó, ya sabía que era una bala...”, comenta la madre.

Las investigaciones preliminares del Departamento de Criminalística de la Zona 8 determinaron que el proyectil había escapado del Club La Herradura; donde, ese día, 19 civiles practicaban en uno de los cinco polígonos de tiro. Un cotejo entre la munición extraída del cuerpo del niño, con una disparada de la pistola Taurus, utilizada en el entrenamiento, llevó a la detención de José Luis Chérrez Vela, quien estaba como instructor de la compañía Global Elite Protection (GEP). Un ciudadano ecuatoriano, nacionalizado estadounidense, experto en protección ejecutiva, según su curriculum. Además de la aprehensión de Rafael Alejandro Rodríguez Iturralde, dueño del arma.

Roxana está segura que la bala que abrió un diminuto orificio (de menos de un centímetro de diámetro), en la pared de caña que da a su dormitorio salió de La Herradura, un lugar de esparcimiento deportivo y de entrenamiento, creado en 1981 en el kilómetro 11,2 de la vía Durán-Yaguachi, a 720 metros lineales de la casa de Dilan.

¿Es posible que una bala viaje tanto y pueda matar?

Dos expertos en armas, quienes pidieron la reserva de sus identidades, concuerdan en que eso es posible. Pero, todo depende de varios factores como: el tipo de arma de fuego, el cañón, la munición, la postura para la práctica del tirador y hasta las condiciones de viento.

“Las balas en general, según los Estados Unidos, tienen un alcance de una milla, es decir, 1.600 metros. Unas tienen menos alcance por el peso, otras por el tipo de pólvora, otras por el modelo de la ojiva”, explica uno de los instructores consultados. “En las prácticas de tiro se usan normalmente (balas con) puntas de plomo o punta enchaquetada que con el impacto se deforma con mucha facilidad; es decir, son encamisados. Para defensa personal son de mayor dureza, eso significa que va a viajar mucho más lejos, porque tiene mayor energía, mayor cantidad de pólvora para que las pistolas no se traben”, añade el otro experto.

El arquitecto Jaime Grunauer, presidente del Club de La Herradura, detalla que la bala utilizada ese 4 de abril, en el curso que dirigió durante cuatro días José Chérrez fueron de 9 milímetros.

Los tres primeros días, los asistentes recibieron la teoría y el último fue de práctica. Primero se ejercitaron con una pistola de caucho sin disparar, dice Grunauer, “con la cual les enseñaban técnicas de esconderse en el piso, en las esquinas, etc.; y las prácticas de tiro fueron estrictamente con balas de verdad, de 9 milímetros, compradas en (la fábrica estatal) Santa Bárbara, con un peso de 8.03 gramos o la que se denomina 124 grains”.

En copias a color, el directivo muestra los tres permisos que le concedió el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas para el funcionamiento del club ecuestre en prácticas de tiro, recarga de tiro y de tenencia de armas, vigentes hasta el año 2020. También muestra el convenio de alquiler que suscribió con el instructor, el 8 de enero de 2019, por un valor de 20 dólares por cada estudiante, por día de práctica.

En su cláusula tercera, el club y su representante “quedan exonerados de cualquier accidente ocasionado producto de las prácticas de tiro”.

Para Grunauer, no había la necesidad de advertir al instructor que cerca del club existe población, porque el polígono cumple con todas las regulaciones y todas las seguridades para que “si un disparo sale fuera del polígono, por la velocidad terminal, no cause ningún daño a nadie”.

Ellos no han incumplido ninguna norma, lamentablemente ese día ha habido un incidente de un niño muerto que, físicamente, no coincide con una bala que sale del club, asegura el directivo.

Mediante un cálculo balístico de dos expertos en Física busca desvirtuar lo dicho por Criminalística. “Para atravesar la piel es necesario que la velocidad sea de 36 metros por segundo... esa bala que mató al niño debe estar en un rango de 400 a 300 metros, en un ángulo por debajo de lo que los muros del polígono de tiro permiten... y si salió una bala fue inocua, que no causa daño”, asegura Grunauer.

Héctor Vanegas, abogado de la familia de la víctima, espera que en la reconstrucción de los hechos se determine con certeza que la bala que mató a Dilan salió del club. De ser así, esperan que se lo vincule al proceso como persona jurídica, así como a otro instructor. Mediante acusación particular, se perseguirá además una indemnización no menor a un millón de dólares, por tratarse de la vida de un niño que tenía toda la vida por delante.

Una bala que no regresó

Los habitantes de Una Sola Fuerza 3 estaban seguros que en algún momento iba a ocurrir una desgracia.

Hace mes y medio, Rosa Álava estaba cocinando en su casa, en la manzana H27, cuando sintió un ¡pum! Al salir con su esposo encontraron una bala en el jardín. Había rebotado en el marco de la ventana de aluminio. “Llamamos a la policía y nos dijeron que si era de allá (de La Herradura) no regresaban, pero si era de aquí venían a averiguar”. Los policías nunca regresaron.

La bala de 720 metros de dudas

Antecedente. Rosa Álava muestra el destrozo que causó una bala perdida que impactó en la ventana de su casa.

La bala de 720 metros de dudas

Los blancos. En el curso que dirigió José Chérrez, cada tirador recibió 13 balas de 9 mm para disparar a tres blancos. Desde 1983, en La Herradura se han efectuado 5 millones de tiros.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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