Espín al borde de la destitución

Ella dice ser perseguida. La mayoría cree que su conducta, al visitar a una testigo protegida, es “cuestionable”. El ministro de Justicia irá a la Asamblea.

Quito /
05 oct 2018 / 00:00

Sofía Espín ya no sonríe. Ahora grita, se indigna, se desgañita, lanza acusaciones con ventilador y esconde la mano. Cuarenta y ocho horas después de que se saliera con la suya gracias al apoyo decidido de un puñado de oficialistas encabezados por Viviana Bonilla (quien se hace pasar por independiente y actúa, en la práctica, como una correísta de las más conspicuas), la suerte le volvió la espalda: 73 de 114 asambleístas presentes en la sesión plenaria de ayer decidieron apoyar una resolución que observa como “cuestionable” su conducta en el Centro de Rehabilitación Social de Chillogallo, donde visitó a Diana Falcón, testigo protegida del caso Balda, haciéndose pasar por quien no era.

El informe de la directora del centro de detención es, como la misma Espín admitió por Twitter, “determinante”. Ella y Yadira Cadena, integrante del equipo de abogados de Rafael Correa, mintieron para ser admitidas en la cárcel y visitar a Falcón: dijeron ser sus defensoras. La resolución aprobada ayer en la Asamblea, propuesta por Esteban Bernal (CREO), dispone también que el ministro de Justicia encargado, Paúl Granda, comparezca al pleno para explicar lo ocurrido.

El martes, un primer intento por aprobar la resolución falló por falta de votos. ¿Qué ocurrió desde entonces? Una cadena de acontecimientos. Uno: Bernal presentó una denuncia juramentada contra Espín ante el Consejo de Administración Legislativa (CAL). Dos: el CAL, con el voto a favor de la propia Viviana Bonilla, a quien no le quedó de otra, admitió la denuncia en tiempo récord. Tres: el ministro Granda hizo públicos los vídeos de las cámaras de vigilancia del centro de detención, donde se observa a Espín ocultando su identidad entre las gafas y el cabello. Cuatro: la presidenta Elizabeth Cabezas puso un tuit explosivo en el que afirma que la conducta de Espín “está reñida con principios éticos y morales”. ¿Ejerció su presión de manera más directa sobre su bloque? ¿Participó el Ejecutivo de este empeño?

El caso es que ayer, cuando se instaló la sesión del Pleno (pasadas las 09:30), la suerte estaba echada. El correísta Cristóbal Lloret repitió el argumento (acuñado la víspera por Viviana Bonilla) de que hay cosas más importantes que tratar (sin duda: el calentamiento global, el hambre en el mundo...). Sin embargo, admitió haber dedicado dos días enteros a reflexionar sobre el asunto. Dijo que no hay causales para sancionar a Espín. Volvió sobre el argumento de la “visita humanitaria” y le puso tanto color que, en el cubículo de prensa, los periodistas no pudieron evitar la risa. Casi canonizó a su compañera de bancada, invocó su condición de madre, de mujer, de hija, y concluyó con una torpeza gramatical imperdonable: “no se puede actuar como se lo está actuando”.

Nada que hacer. Salvo los oficialistas que fueron convencidos por Viviana Bonilla (Karla Cadena, Kharla Chávez...) y otros que no necesitaban que nadie los convenza (José Serrano, Silvia Salgado, Esteban Albornoz, Carlos Bergman...), el bloque de gobierno apoyó la propuesta de Esteban Bernal, para tranquilidad de la presidenta. Resultado: 73 votos a favor, 28 correístas en contra, 13 abstenciones.

Como un brazo de mar salió Espín al vestíbulo a rendir declaraciones. Que hay que procesar a todos los asambleístas que visitan la Fiscalía, dijo quién sabe por qué. Que hay que investigar a aquellos que tienen parientes que trabajan en el gobierno (no quiso decir nombres). Que se siente víctima de una persecución política orquestada por la presidenta Elizabeth Cabezas... No respondió preguntas, no atendió razones. Solamente salió, vomitó su frustración y volvió a entrar.

Ahora solo falta que el Pleno nombre una comisión de tres integrantes de distintos bloques para investigarla. Los correístas, que no son un bloque registrado como tal en la Asamblea, no debieran, en principio, formar parte de esa comisión. Con 73 votos en su contra, el fantasma de la destitución se cierne sobre la otrora sonriente asambleísta.

Tema Incómodo: no se trata

Elizabeth Cabezas pasó del segundo al cuarto punto del orden del día sin mediar explicaciones y quedó enterrado el tercero: “proyecto de resolución presentado por la asambleísta Paola Vintimilla (PSC) sobre el proceso de naturalización de Julian Assange”. Se sabe que el gobierno pretende echar tierra sobre el tema. Con la ayuda de Cabezas parece que lo logrará.

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