José Serrano salió por la puerta trasera

El presidente de la Asamblea fue destituido con 103 votos. El fiscal general, Carlos Baca, será enjuiciado políticamente.

Quito /
10 mar 2018 / 00:00

Dos víctimas de la persecución y las conspiraciones, dos adalides de la lucha contra la corrupción, dos hombres íntegros y honrados desde la cuna (al menos así se pintaron ellos) se embarraron uno al otro, se pusieron en evidencia con escandalosos documentos y se llenaron de acusaciones mutuas. Carlos Baca Mancheno, fiscal general del Estado, y José Serrano, presidente del Poder Legislativo, comparecieron ayer ante la Asamblea Nacional para rendir explicaciones sobre el escándalo de corrupción, escuchas y conspiraciones en que se encuentran envueltos. A ambos les fue mal. Ni bien terminaron sus intervenciones y con una abrumadora votación de 103 asambleístas a favor y tres abstenciones, el Pleno decidió iniciar un juicio político contra el primero y destituir al segundo de su cargo de presidente de la Asamblea. El primer poder del Estado ya no será el mismo.

Ambos personajes aparentan saber tanto y callar tanto que se esperaba, para la sesión de ayer, una avalancha de revelaciones. Algo de eso hubo. Baca y Serrano llegaron cargados de documentos. El fiscal llevó cajas y cajas de carpetas que repartió generosamente entre quienes solicitaran una. Ninguno de ellos pudo demostrar la honradez acrisolada que tanto y tan sonoramente proclaman.

El origen del escándalo: el audio (hecho público por el fiscal) de una conversación telefónica entre Serrano y el excontralor Carlos Pólit, prófugo de la justicia. Ahí, entre otras perlas, se escucha al presidente de la Asamblea decir que al fiscal “tenemos que bajarle, no nos queda más”.

Baca Mancheno, que habló primero, reprodujo la grabación, proyectó una transcripción textual en las pantallas gigantes del salón y comentó su contenido línea por línea. Serrano no tuvo la entereza de hacer lo propio, aunque por tres ocasiones a lo largo de su discurso anunció que explicaría el contenido del audio de manera contundente. Nunca lo hizo. Se limitó a decir, a quien quisiera creerle, que mantuvo esa conversación “con la finalidad de conseguir información”.

Baca Mancheno se pintó como la víctima de una conspiración urdida entre Serrano, Pólit y la fiscal subrogante Tania Moreno, a quien se refieren los dos primeros en el audio como “la amiga”. A esa conspiración, dijo, obedecen los procesos iniciados en su contra por Tania Moreno a partir de un informe de Contraloría (cuya existencia volvió a negar) que señala indicios de responsabilidad penal por las irregularidades cometidas por la comisión de investigación del 30S, de la que formó parte. Baca se sirvió de una cronología de los hechos que, según él, habla por sí sola.

Según esa “línea de tiempo”, cada acto emprendido en su contra es una reacción a una medida desplegada por su despacho para investigar los casos de corrupción que involucran a Pólit, Serrano y Moreno. Así, por ejemplo, el informe de Contraloría sobre la Comisión 30S aparece por primera vez el 2 de junio, justo al día siguiente de que ordenara el allanamiento del domicilio de Pólit e iniciara contra él un proceso por concusión. “Y cada vez que hay un nuevo indicio (contra Pólit), vuelve a aparecer ese informe que no existe”, dijo. Informe que había sido publicado previamente por el periodista Fernando Villavicencio, a quien, en consecuencia, vinculó también vagamente en conspiración artera.

Se explayó sobre el caso de la venta de pases policiales, que involucra a Serrano, ministro del Interior en la época en que ocurrieron. Presentó testimonios según los cuales Tania Moreno, que terminó juzgando ese caso, era ella misma una de las negociadoras de los pases. Y más testimonios para demostrar que Moreno, junto a funcionarios del Ministerio del Interior, presionaron a los testigos del caso y a la misma fiscal Claudia Romero.

En cuanto a las acusaciones de haber cobrado honorarios por su trabajo en la Comisión 30S, supuestamente ‘ad honorem’, simplemente no dijo ni media palabra. Pero citó reflexiones jurídicas de su padre, para demostrar que la honradez le corre por las venas y concluyó con un informe de labores que no venía al caso.

A las cinco de la tarde fue el turno de José Serrano. Llegó con barra propia (buses enteros de masas lumpen proletarias) y estaba enojadísimo, pateando al perro. Hombre de retórica alambicada, palabras altisonantes y frases grandilocuentes (recursos que pueden surtir algún efecto cuando se es capaz de leer con corrección el texto que se tiene por delante, que no es su caso) empezó rememorando los Idus de marzo y el sacrificio de Julio César. Luego habló largamente maravillas de sí mismo, su familia, su padre, su madre, sus hermanos, su Cuenca hermosa. Su lucha contra la corrupción, su guerra sin cuartel a la delincuencia, su trabajo incansable por las víctimas del terremoto. “¿Por qué estoy aquí? Por atender una llamada”, dijo.

Durante poco más de una hora leyó confusa y dificultosamente un texto con el que evidentemente no estaba familiarizado. Fue incapaz de concretar una sola prueba de descargo, pero sí presentó evidencia documental para demostrar que el parte policial sobre la divulgación ilegítima del audio de marras fue forjado con la participación del propio fiscal, que lo conocía extrañamente horas antes de que estuviera listo. ¿Qué evidencia era esa? El testimonio de un “policía valiente”. Y un chat entre dos policías que no dijo cómo obtuvo.

Que Baca omitió inculpar a los directivos de Odebrecht, de Worley Parsons, de Tecniazul...; que dejó escapar a Ramiro González; que su abogado defensor (que no le cobra) también lo es de una exsubsecretaria de Hidrocarburos involucrada en casos de corrupción... Disimulaba la pobreza de sus argumentos con la fiereza de su tono. Y concluyó: “El fiscal es un peligro”. Intimidaba verlo tan, tan enojado.

Siguió el debate, cuyo punto más alto fue la intervención de Henry Cucalón (PSC), autor de la moción para enjuiciar políticamente a Baca y destituir a Serrano. El asambleísta guayaquileño dijo sentirse decepcionado por ambas intervenciones, que calificó de vergonzosas, y sustentó en derecho la procedencia de su propuesta. Una decena de asambleístas lo siguieron en el uso de la palabra, repitiendo parecidas razones. Se habló de valores y de institucionalidad, de principios y de democracia... Y uno por uno, los distintos bloques fueron sumando su apoyo a la moción socialcristiana.

Lo que no se quiso discutir (y fue el también socialcristiano Vicente Taiano quien argumentó en contra) fue la propuesta de Héctor Yépez, recién desafiliado de SUMA, quien al principio de la sesión presentó la idea de cesar en sus funciones no únicamente al presidente Serrano, sino a todos los miembros del CAL. Solo lo apoyó alguna gente de CREO y de su antiguo partido.

Cerca de la votación y de manera no tan sorpresiva, pues ya Marcela Aguiñaga lo había anticipado, renunció la secretaria Libia Rivas. Entregó un papel a Carlos Bergman, que presidió aburridamente la sesión, y salió de la sala. Inmediatamente fue nombrado John de Mora como secretario ad hoc par concluir la sesión,

Se tomó votación. De los 106 presentes (las ausencias correspondían a las filas del correísmo y el morenismo, incluido su presidente Ricardo Zambrano), 103 apoyaron la moción; tres se abstuvieron: Carlos Bergman y sus compañeros de partido Brenda Flor y Manuel Ochoa. José Serrano había abandonado la sala, no se quedó a presenciar su derrota. A la salida, en los pasillos, ya solo se hablaba de una cosa: ¿Quién lo sucederá?

Una reunión previa definió la discusión

Siete asambleístas resumieron su postura luego de las intervenciones de Carlos Baca Mancheno y José Serrano. El presidente encargado de la Asamblea Nacional, Carlos Bergmann, explicó que los jefes de cada bloque se reunieron previo a la sesión de ayer y decidieron que tendrán un representante por grupo para hablar en el Pleno.

Siete legisladores se prepararon con discursos que dieron cuenta de su insatisfacción tras las ponencias. Henry Cucalón (PSC) dio el primer paso.

Él explicó que su moción tendría dos ejes. El primero iniciar los trámites para procesar políticamente al fiscal general del Estado, Carlos Baca Mancheno.

El segundo eje, el que se discutía desde que el controversial audio salió a la luz, fue la destitución del presidente de la Asamblea Nacional, José Serrano. El legislador del Partido Social Cristiano aclaró, para evitar confusiones malintencionadas, que la remoción de la dignidad de presidente no elimina la calidad de asambleísta del exministro del Interior. Serrano mantendrá su calidad de asambleísta, explicó.

Hasta el cierre de esta edición las intervenciones continuaron.

Presidenciables

Cabezas

La oficialista Elizabeth Cabezas fue electa por su bloque para suceder a Serrano, durante una reunión que mantuvieron en la tarde. Lo confirmó ella a la salida de la sesión y habló vagamente de la necesidad de reestructurar las comisiones y el CAL.

Yandún

Incluso antes de que comparezca Serrano ante la Asamblea, aparecieron varios nombres para reemplazarlo en la presidencia. Uno de eso, el del asambleísta René Yandún, propuesto por el Bloque de Integración Nacional.

Carrión

María José Carrión había sido la primera opción de los morenistas. Parece que no convenció a Lenín Moreno. Ella se había inscrito para tomar la palabra durante el debate, pero se abstuvo de hacerlo, a pesar de que fue anunciada. Nadie habló por su bancada.

Las barras

José Serrano, como su época de campaña electoral, contó con un grupo de barras que aplaudieron en cada pausa que hizo durante su intervención. Carlos Baca Mancheno, sin experiencia electoral, no tuvo apoyo en las tribunas de la Asamblea.

En las redes

Las redes se convirtieron en la trinchera de apoyo. Bajo las etiquetas #TeRespaldoPepe y #YoConfioenppsesa se hizo campaña a favor de Serrano. Las publicaciones hacían alusión especialmente a su gestión en el Ministerio del Interior.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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