Espinosa no piensa irse aunque lo echen

Ocho integrantes de la Comisión pidieron oficialmente su renuncia

Quito /
09 mar 2018 / 00:00

Con tal de mantenerse en la presidencia de la Comisión de Educación, Augusto Espinosa está dispuesto a sacrificarla.

Ayer volvió a quedar sin cuórum, solo junto a su fiel colega correísta Amapola Naranjo y, una novedad, el morenista Luis Quijije. Los demás (ocho en total) faltaron a la cita nuevamente. Espinosa los acusó de perjudicar el sistema de educación y violar la disposición de la ley orgánica que manda a los asambleístas “asistir con puntualidad a las sesiones de las comisiones”. Pondrá el caso en manos del CAL y pronto el problema estará resuelto. Aprobarán las leyes de Educación Superior y Educación Intercultural (LOES y LOEI) en tiempo récord y él renunciará a su cargo y se irá a su casa, como había anunciado.

Así discurre con creciente indignación ante el puñado de personas que rodean la mesa de sesiones vacía. Lo que no dice Espinosa es que esos ocho asambleístas faltones (más o menos así los trata) han oficializado, a través del departamento de Gestión Documental, el pedido expreso de su renuncia. Aducen graves motivos. Dicen que su responsabilidad en el escándalo de los abusos sexuales infantiles empaña la credibilidad de la Comisión. Lo acusan de comportarse de forma “agresiva y ofensiva”, y de maltratar a los miembros; de manejar con arbitrariedad la aprobación de la LOES; de bloquear proyectos de otros asambleístas y no someter a debate todas las propuestas... No están dispuestos a seguir trabajando con él por ningún motivo. “Consideramos imprescindible, por el bien de la Asamblea y el país”, dicen, que presente su renuncia. No solo es un pedido oficial: es un pedido dramático.

Lo curioso del caso (curiosidad de la que Espinosa saca ventaja) es que nadie dice nada. Salvo Dallyana Passailaigue (PSC), que lleva dos meses exigiendo públicamente su renuncia, los demás firmantes de la carta llevan dos meses contestando con evasivas cuando se les pregunta si Espinosa debe continuar o no al frente de la Comisión. Sin embargo, también llevan dos meses boicoteándolo. Las firmas se recogieron a principios de febrero y el pedido de renuncia ingresó a Gestión Documental el 5 de marzo.

Si los otros no hablan, no será Espinosa quien revele esta información. Él ya se dio el tiempo de responder a esa carta y cree que con eso el asunto quedó resuelto. Así que se sienta en la cabecera de la mesa vacía, entre Naranjo y Quijije, y actúa como si no existiera ahí un problema político, sino un caso de mera indisciplina de un grupito que se niega a trabajar. Y vuelve a trazar cronogramas ilusorios en el aire. Que en dos semanas la LOES puede quedar lista, delira. Pero “que vengan a trabajar. Si quieren que salga, que vengan a trabajar”. Y remata, involuntariamente cómico: “Mi salida ya no depende de mí”.

Porque Augusto Espinosa no quiere una LOES y una LOEI que no sean las suyas. Así que seguirá convocando una y otra vez a cuantas sesiones sean necesarias. “Cuando regularicemos la situación, que estoy seguro será muy pronto”, sigue delirando, todo irá sobre ruedas y ambas leyes se aprobarán en dos trinchos. Ahí mismo, en esa mesa vacía.

Delirios de un presidente

Para aprobar la Ley de Educación Superior faltan algunos debates más o menos arduos: autonomía universitaria, admisión de estudiantes, administración de becas, competencias del Ceaaces, competencias de la Senescyt. Falta también discutir las propuestas de una decena de asambleístas. Augusto Espinosa pretende hacerlo todo en dos semanas.

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