El Amazonas y usted

Casi todos hemos visto las dramáticas imágenes del Amazonas en llamas. Solo el año pasado hubo cientos de miles de incendios intencionales o causados por tala de árboles, agricultura, minería y otras actividades humanas. Los bosques absorben gases que elevan el calentamiento global si llegan a la atmósfera. La reducción del bosque amazónico a causa de incendios agrava el problema del cambio climático pues los incendios generan gases y partículas que aceleran el calentamiento global, y la ausencia de árboles implica que ya no puedan absorber el dióxido de carbono. El asunto se apoderó de la reunión del G7, celebrada en Francia. Los líderes de varios de los países más ricos del mundo se comprometieron a donar más de $22 millones a Brasil, país en que se encuentra la mayor parte del bosque amazónico y casi la mitad de los bosques tropicales el planeta, como ayuda para combatir los incendios. Brasil rechazó la oferta airadamente. Jair Bolsonaro, su presidente populista, declaró que no permitiría que los países del G7 trataran a su país como una colonia. “Nuestra soberanía no se negocia. Al final, Brasil aceptó unos $12 millones del Reino Unido, pero no llegó a ningún compromiso con el G7 ni Francia, país anfitrión del encuentro. La lección para Brasil es clara: lo que su gobierno decida hacer o no frente al bosque tiene consecuencias para el mundo entero. Si el problema fuera “meramente” la degradación y polución ambiental local, sería un tema de incumbencia exclusiva de Brasil. Pero los efectos de la deforestación cruzan las fronteras, lo que pase en Brasil se convierte en inquietud legítima para los demás. La polución consiste principalmente en los resultados locales de actividades locales; el cambio climático son resultados globales de actividades locales. Los resultados del cambio climático son costosos: tormentas más frecuentes y serias, inundaciones, sequías y otros fenómenos climáticos extremos. Como consecuencia, más personas sufren desplazamientos internos y se convierten en refugiados. Puede que pronto partes significativas del planeta queden inhabitables. Al igual que el terrorismo, el cambio climático se ha convertido en un asunto de todos. Se debería considerar a Brasil como el guardián del Amazonas, no su dueño. ¿Qué hacer? Un enfoque sería crear incentivos para que países como Brasil actúen de manera más responsable. Esto es lo que había tras la oferta del G7 de ayudarle, y sustenta los programas de ayuda permanente de la UE para limitar la destrucción de bosques y promover la plantación de nuevos árboles. El gobierno de Brasil no está respondiendo como debiera. La eliminación de barreras legales a la deforestación ha agravado el problema, así como la escasez de recursos estatales para aplicar las leyes y detener a quienes talan árboles y comienzan incendios ilegalmente. La soberanía implica obligaciones además de derechos. Y en los casos en que no se pueda inducir medidas estatales, se debe aplicar presión. Llegó el momento de sopesar castigos contra un gobierno, como el de Brasil, si se rehúsa a cumplir sus obligaciones para con el resto del mundo, que podrían incluir aranceles, sanciones y boicots turísticos. Serían preferibles incentivos positivos para fomentar y posibilitar las medidas deseadas. Pero cuando las recompensan no bastan, debe haber sanciones. Muchos gobiernos adoptan este enfoque para desalentar o responder al genocidio, al terrorismo y a la proliferación de armamentos. La conducta de Brasil plantea la pregunta de si quienes aceleran el cambio climático debieran ser tratados de manera similar.