Los ojos que ‘cazan’ a los infractores

“Me olvidé”, “no sabía”... las excusas recurrentes de quienes no cumplen con la medida ‘Hoy no circula’. Este Diario acompañó a un agente durante su jornada.

Quito /
15 sep 2019 / 00:01

Jueves, cinco de la mañana. Empieza el entrenamiento. El frío cala los huesos; el sol aún duerme. No importa. Once agentes enfilan hacia el patio del Centro de Formación de la Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT), en Quito. Son los elegidos. Con la piel de la institución, se preparan para ser la primera Unidad de Protocolo y Etiqueta... Y en la semana inaugural de la restricción vehicular por ‘Hoy no circula’, este Diario acompaña al agente Cristian Orellana en su larga jornada: multas, asfalto ardiente y el intento de ‘escape’ de los infractores.

El instructor, un agente más antiguo, toma el mando. Con su guía, el ‘pelotón’ arranca con la rutina de ejercicios: forman, corren, hacen abdominales... Solo es el inicio. Pronto deberán salir a la calle y, como parte de los 1.923 agentes, controlar que la medida se cumpla. Si antes el ‘Pico y placa’ les tomaba seis horas al día, el nuevo sistema duplica el esfuerzo. Son 15 horas. De 05:00 a 20:00.

Una labor desgastante. Por eso existe, en el centro de formación, ‘el cuarto de los locos’. Mientras Orellana, alto y acuerpado, continúa con las flexiones, el agente Rommel Villacís entra a aquel dormitorio, forrado con 27 colchones, y toma un bate de béisbol para “desahogarse”. Con furia. Con ira. Como si los infractores le hubiesen gritado por sancionarlos, golpea una y otra vez para liberar la presión contenida.

Los once agentes fueron elegidos por su conducta y conocimientos. El objetivo de la AMT: que ellos aprendan a ser diplomáticos y resuelvan los conflictos... Tras terminar con los ejercicios físicos, cantar el Himno Nacional, recibir motivación y abrazarse, Orellana, nacido en la capital y con 33 años, se pone el uniforme para el recorrido diario. Antes Jorge Báez, fiscalizador de la institución, enseña un ‘hand held’ y da instrucciones de cómo usarlo. Es un aparato que cuesta unos 600 dólares con el que registran las sanciones. Inmediato.

Ya en la calle, tres minutos después de haber dejado el centro, aparece un camión mal estacionado. “¡Prevención!”, dice Orellana. Y lo hace mover enseguida. Más adelante, en la avenida Galo Plaza Lazo se detiene para aligerar el paso en un semáforo: con la postura casi perfecta, guantes blancos y un silbato, los carros empiezan a circulan aun cuando la luz está en rojo. “Las señales manuales prevalecen”, asegura.

Los ojos que ‘cazan’ a los infractores
Patios. En la capital están distribuidos los centros de retención vehicular a donde llegan los autos sancionados.

De repente, un carro con la placa terminada en 8 cruza por allí (el día que no puede circular). Lo detiene y pide los documentos. El conductor se salva, ha cumplido los 65 años y pertenece al grupo de la tercera edad, que está exento de la medida. El agente Orellana, sin pestañear, escanea las placas. Pero, por el momento, no hay ningún infractor. Los que circulan tienen salvoconducto o son busetas, buses escolares, camiones de carga de más de 3,5 toneladas... Y continúa.

Con Orellana, el equipo periodístico se dirige al punto crítico de ‘Hoy no circula’, el redondel de El Ciclista, en el nororiente de Quito. No tarda en ‘caer’ el primero. Un auto azul. El conductor se estaciona a la derecha. “¡Me olvidé!”, suelta enseguida. Y entrega sus documentos. La gente que cruza por allí reduce la velocidad y mira, perpleja, el operativo. Al terminar con el procedimiento, el fiscalizador Báez acompaña al infractor a un centro de retención vehicular, el más cercano. Lo podrá retirar pasadas las 20:00 y tras haber pagado la multa, el 15 % del salario básico (59,1 dólares) si es primera vez.

Hace mucho calor. El termómetro marca los 20 grados centígrados. El pavimento arde, pero Orellana parece no inmutarse. Está pendiente de todo. Incluso de aquellos que piden direcciones. “Un agente tiene que ser un Google Map”, bromea. Una gorra y unas gafas oscuras lo protegen del sol. Para él, esto no es lo más difícil. Cambiar a su familia por su labor sí. También la incomprensión del conductor... Contador de profesión y maestro de Inglés, decidió unirse a la institución hace siete años, porque su papá es militar y su abuelo fue policía de tránsito. Desde entonces, ha contribuido con la circulación vehicular.

Cerca de Monteserrín, Orellana se detiene junto con Báez. Ambos, atentos, siguen los carros con su mirada.

-¡Ahí va un 8! -grita el fiscalizador.

-¡Síguelo en la moto! -espeta el agente. Y empieza una especie de persecución.

Los ojos que ‘cazan’ a los infractores
‘El cuarto de los locos’. Está en el Centro de Formación de la AMT. Allí los agentes pueden “desahogarse”.

El carro se detiene a unos 200 metros. En este caso, la placa está alterada. Intentaron pintar sobre el número real un ocho. El conductor solo aduce que es eso, el conductor y no el dueño. El proceso continúa.

De vuelta a la ‘misión’, el agente se encuentra con un nuevo auto. Una joven que asegura que desconocía que por ese sector no podía circular. Le pide a los agentes que le ayuden, que va hacia Nayón. Que “no sabía”, insiste. Se lamenta y entrega los documentos. ¡Sancionada! “El desconocimiento de la ley no le exime de la culpa”, le dice Báez.

Al mediodía, nuestro protagonista debe regresar al Centro de Formación. Los demás agentes continuarán hasta cumplir las horas de trabajo.

Después del almuerzo, Orellana y los otros diez uniformados de la Unidad de Protocolo y Etiqueta se reúnen en un salón para escuchar las clases de Verónica Pulgar, del cuerpo de Agentes de Control Metropolitano. Ella cuenta que la instrucción no es solo para enseñarles los pasos a seguir para una ceremonia, sino también para que aprendan los modos adecuados de tratar a las personas. Y sirve para el ‘Hoy no circula’, reconoce. En la tarde, Orellana vuelve a la labor. A la calle.

No todos tienen buena conducta. Esta semana un agente metropolitano de tránsito fue sancionado porque lo captaron supuestamente recibiendo coimas de un ciudadano que infringió la medida. Ya le formularon cargos por el delito de concusión, dice Danny Gaibor, director general de la AMT. “En todo grupo de personas existe un grupo muy pequeño que hace quedar mal a las instituciones”, señala. Y agrega que con los operativos se pretende “educar” a la gente.

Los ojos que ‘cazan’ a los infractores
Alerta. Los uniformados están pendientes de quienes intentan infringir la ley.

La industria se queda sin el 20 % del uso de la flota

El sector industrial no está conforme con la medida. Pablo Zambrano, presidente ejecutivo de la Cámara de Industrias y Producciones, explica a EXPRESO que en la primera semana de aplicación de ‘Hoy no circula’ ha habido afectación en tres sectores: alimentos y bebidas; courier (correos privados); alimentos perecibles. Esto porque, según él, a la industria le quitan el 20 % del uso de la flota. Y no hay cómo parar.

Las secretarías de Movilidad y Desarrollo Productivo han manifestado que se va a crear una mesa de trabajo para analizar caso por caso la petición de las empresas, y que puedan obtener salvoconductos con la debida justificación, añade.

La opinión de los ciudadanos

“El tráfico está más ligero, sin duda. En el sector de la Doce de Octubre, El Ejido, la Alameda, e incluso el centro de Quito, que es por donde me muevo, se siente más fluido que cuando había el ‘Pico y placa’”, Carlos Peña Moreno.

“Yo no he visto cambio alguno. Por ejemplo, en la avenida Diez de Agosto, norte de la capital, la congestión se mantiene igual, sobre todo de 07:00 a 09:30 y por la tarde de 16:00 a 19:30. Son las horas pico, hay muchos carros”, Dayana López.

“Al mediodía ha disminuido la congestión en zonas como la Colón, Orellana (en el norte) y el ingreso al centro histórico. Antes a esa hora el tráfico vehicular era fuerte. Siento que ha habido un cambio”, Viviana Macías.

“En la avenida Simón Bolívar hubo un cambio. En la mañana, la vía está bastante descongestionada, pero cuando cae la tarde es un caos, al igual que en la avenida Seis de Diciembre (que atraviesa el norte y centro de la ciudad)”, David Centeno Pineda.

“Es una medida pésima para los taxistas. Se supone que dejas de usar el automóvil y también les suspenden a ellos que prestan un servicio de transporte pese a que sea considerado auto”, Lorena Mendoza.

“Bien por la medida para dosificar el tráfico, con el pretexto de la ‘repavimentación’. Sin embargo, las calles son para los autos, y yo pregunto: ¿para cuándo se preocupan de las aceras para los peatones?”, Mario Andrade.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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