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“Todavía Matamoros sirve para rato”

15 jul 2017 / 00:01

A sus 81 años, todavía se mueve con la agilidad de un impala en sus recorridos de obras y también por esas pocas calles que frecuentemente recorre entre el palacio municipal y su oficina. No es que presuma de su buen estado físico, pero cuando EXPRESO le dispara a quemarropa hasta cuándo piensa seguir usando el overol él señala: “Todavía Wilfrido Matamoros sirve para rato, es que definitivamente me gusta lo que estoy haciendo”.

El nombre de este ingeniero civil está muy ligado a la regeneración urbana de Guayaquil, proceso que viene transformando la ciudad desde comienzos del nuevo siglo y milenio. Sin imaginárselo, esta relación comenzó allá por 2001, cuando recibió una llamada de su amigo y colega Enrique Palau, quien como presidente del directorio de la fundación municipal Guayaquil Siglo XXI, le pedía que ocupe la gerencia de esta organización.

“Él (Palau) se enteró de que yo estaba concluyendo la construcción del complejo World Trade Center, en la Kennedy Norte me contactó y me ofreció el cargo, a pesar de que no tenía yo la experiencia en administración de algo de esta envergadura - recuerda Matamoros-. Yo solo tenía experiencia como constructor”.

Al final, aceptó el reto y su papel en la fundación ha sido el esperado, a juzgar por su permanencia en el cargo y por los beneficios que arrojan las obras y servicios que han modernizado la ciudad. Aunque aclara que la fundación persigue la satisfacción de la ciudadanía y no la propia, Matamoros admite que, personalmente, le enorgullece ser parte de este proceso urbanístico.

Pero pese a ser el cambio de Guayaquil un referente a nivel internacional, casa adentro se han dado críticas no siempre favorables para algunas obras. ¿Cómo las ha tomado Matamoros? “Al principio me molestaban mucho”, confiesa, “pero el giro que ha tenido la ciudad ha aplacado poco a poco esos juicios de valor”.

Y para que no queden dudas, el también ex director de la Cámara de la Construcción y del Colegio de Ingenieros Civiles del Guayas pone un ejemplo: “Yo no sé si usted recuerde que el centro de la ciudad era fantasmal en horas de la noche, pero a medida que va avanzando la regeneración urbana la actitud de la gente es otra, invierte en algún negocio, mejora su estándar de vida...”.

La ciudad, como el oficio de la construcción, definitivamente son muy diferentes de cuando Matamoros era solo aquel estudiante vicentino que acompañaba a su padre a vender materiales en las obras. Entonces estas ventas no necesitaban de concursos y trámites, como ahora, y Guayaquil estaba a años luz de llegar hasta donde está. Hoy, ambos siguen tan campantes.

A LA CARTA