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Impacto visual y al paisaje

El otro costo del desarrollo urbano.

16 sep 2017 / 00:01

Las ciudades crecen, se desarrollan y en ese proceso urbanizador, a veces desenfrenado, suelen llevarse por delante cerros, bosques, tierras cultivables y hasta brazos de mar. En ese ímpetu de crecimiento se afectan siempre a especies vegetales y animales en beneficio de otra especie: la humana. Mientras los ambientalistas y ciertas corrientes de arquitectos ven en la construcción de grandes torres y otras infraestructuras, abusos contra la naturaleza y afectación a la calidad de vida de la misma gente; los constructores y los administradores de las ciudades consideran que lo que estas hacen es adaptarse lo mejor posible a los tiempos y buscar una vida más cómoda para sus habitantes.

Con tres millones de habitantes, Guayaquil es una de esas urbes importantes del mundo en constante avance y hoy su paisaje incluye edificios de altura hasta al pie de sus cerros y su ría; gigantes torres de telecomunicación poblando sus colinas; y miles de viviendas sobre lo que eran desaguaderos naturales y esteros.

Un estudio realizado por la Espol (2005) sobre áreas degradadas por urbanización y minería, en Guayaquil, indica que cuando sobre la superficie (corteza) se ejecuta cualquier actividad que implique la remoción de esta, se está cambiando una serie de aspectos (morfología, eliminación del suelo, modificación del paisaje y hasta retiro de la cobertura vegetal), de modo acelerado, lo que ha generado la degradación antropogénica, “siendo esta la razón por la que se considera el desarrollo urbanístico como una degradación” del suelo.

¿Ha existido planificación para, al menos, tratar de encontrar un equilibrio entre el desarrollo y el respeto al ambiente?

Rodolfo Rendón, un arquitecto especializado en sostenibilidad, asegura que la tecnología actual permite construir edificios mucho más altos que los existentes, lo cual contribuye a la densificación de las ciudades y, por ende, a su concentración y desarrollo y a una mejor gestión urbana. En ese sentido, cree que, por ejemplo, la “limitada altura de los edificios de Puerto Santa Ana no afectan la recuperación urbana del cerro, excepto un edificio que obstruye la visión desde el río y sobresale, como un sombrero encima del cerro en la visión desde el malecón”.

No nombra esa edificación, pero cree que si se la hubiera ubicado al norte o en otra parte del centro, hubiera contribuido de mejor forma a la imagen de modernidad de Guayaquil.

Justamente los edificios altos de Puerto Santa Ana, un condominio que se construye en el Cerro Paraíso y el centro comercial en la parte sur del Malecón del río son construcciones que afectan al paisaje o que tienen un impacto visual en los sectores donde están emplazados. Lo dice el arquitecto y planificador urbano Luis Alfonso Saltos, quien cree que la futura Aerovía también afectará la vista sobre los edificios patrimoniales del centro.

Impacto visual y al paisaje
Antenas. Estos elementos son de gran utilidad, pero afectan el paisaje.

El Código Orgánico del Ambiente, (Registro Oficial 983 del 12 de abril del 2017), en su artículo 192, que trata De la Calidad Visual, reza que “los Gobiernos Autónomos Descentralizados competentes controlarán que las obras civiles que se construyan en sus circunscripciones territoriales guarden armonía con los lugares donde se las construya, en especial de los espacios públicos, con el fin de minimizar los impactos visuales o los impactos al paisaje, de conformidad con la normativa expedida para el efecto”.

“Esto está en el Código -acota Saltos-, porque no es solo un problema urbano, sino ambiental y de salud, que afecta la calidad de vida de la gente”.

¿Estas disposiciones legales sobre el paisaje urbano se contraponen con el desarrollo? Rendón dice que no, pero que deben ser aplicadas con buen criterio para que los grandes edificios, que son indispensables hoy, contribuyan al desarrollo urbano sustentable.

Con él coincide José Núñez, asesor de la Dirección de Urbanismo (DUOT) del Municipio de Guayaquil, quien urge a buscar siempre un balance, entre el desarrollo y el respeto al ambiente. “Cuando se piensa hacer algo para la ciudad que puede afectar al medio ambiente -opina-, hay dos opciones: una es reducir o mitigar el impacto y la otra, no hacerlo”.

Adriana Muñoz, miembro de la Asociación de Arquitectos Paisajistas del Ecuador, considera que la planificación de una ciudad o el estudio de un proyecto urbanístico no debe contemplar una sola variable, como suele ocurrir, sino todos los elementos posibles: el hábitat, el medio ambiente, la estética, los estudios viales, “es más complejo de lo que parece”.

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