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Guayaquil también busca brillar por sus fachadas

15 jul 2017 / 00:01

Quizá no sea la meca de la arquitectura y la construcción, mucho menos en estos tiempos de declive económico, pero en innovación y aplicación de sistemas constructivos modernos, Guayaquil es una urbe que busca superarse día a día y estar a tono con las tendencias mundiales.

Algunos materiales y técnicas que se vienen empleando en viviendas, edificios y otras construcciones evidencian ese deseo de mejorar no solo la estética, sino también la funcionalidad de las edificaciones locales.

Por ejemplo, en importantes inmuebles del centro de la ciudad, como el Museo Miniatura del Malecón Simón Bolívar y la Caja del Seguro Social, no dejan de llamar la atención sus revestimientos exteriores hechos con acero Cor-ten o acero autopatinable. Oxidándose, este material crea una pátina protectora, la cual además de llevar la marca del tiempo, se integra fácilmente en el entorno. Aunque esta capa de color rojizo que se forma en la superficie del hierro es incomprendida y algo desagradable para algunos, lo cierto es que se trata de un material beneficioso por donde se lo mire.

“Es un material noble. Cuando se expone a la atmósfera, la superficie de este acero se oxida y se forma una película impermeable adherida que impide mayor oxidación y se elimina así la necesidad de pintarlo”, indicó el ingeniero Guillermo Suayas, ex gerente general de Malecón 2000, entidad que diseñó la edificación dentro del Malecón del río.

Sobre este material, que requiere poco mantenimiento, el arquitecto y urbanista Esteban Delgado indica que su éxito depende de la forma en que uno lo utilice, “pero a mí me parece que puede ser un material que, bien trabajadito puede ser más o menos agradable”.

Atribuye la razón de su poco o ningún uso, sobre todo a nivel de vivienda, a su costo no tan accesible. “No es un material como para utilizarlo en cualquier lugar”, subraya.

Colocar 550 m2 de él sobre las paredes exteriores del primer piso de la Caja del Seguro, costó $ 55.000, es decir, a $ 101 por cada metro.

Otro material que busca popularizarse en la construcción local son los paneles fenólicos o tableros a base de múltiples hojas de celulosa impregnadas con resinas a alta temperatura y presión. Las caras exteriores se pueden decorar con láminas de colores y resinas. Es un producto apreciado por su gran dureza y resistencia al uso.

Nelson Díaz, ingeniero civil, representante de una empresa que comercializa este producto, con el nombre Panelex, dice que se trata de una lámina de papel con una resina termoestable. “Es un tablero totalmente rígido y como es papel, al final, la última lámina es el acabado, es decir, usted puede pegar una fotografía si quiere y queda impregnado en el panel”. Este novedoso material se puede observar en un par de edificios de Puerto Santa Ana, en Guayaquil, y en Quito está en la Plataforma Gubernamental, recientemente inaugurada.

Los paneles de aluminio compuesto, conformados por un núcleo de polietileno entre dos láminas de aluminio, son otro material que está causando furor entre guayaquileños y ecuatorianos por ser un poco más asequible que los dos anteriores. Hoy lo vemos hasta en fachadas e interiores de negocios pequeños. Sin embargo, proyectos de gran envergadura como la remodelación del estadio Capwell, pueden ufanarse de llevar planchas de aluminio más gruesas que las normales con una pintura especial que le dará mayor vida útil.

El arquitecto y urbanista Rafael Arízaga, quien es especialista en restauración de edificios patrimoniales, aprueba el uso de aceros y aluminios en las edificaciones y sus fachadas. Considera que son muy resistentes a los agentes climáticos en cualquier época del año. “En invierno tenemos agua de lluvia, sol fuerte; en verano viene el polvo, los vientos, que llenan de polvo y el polvo también corroe el hierro y otros materiales, entonces estos aceros son buenos para soportar todo eso”.

Otros aceros en nuestras obras

Si bien casi no se aplican en viviendas y edificios, existen otros aceros especiales muy utilizados en las construcciones y obra pública del país. Uno de ellos es el A-34 o acero naval, un material de alta resistencia a los problemas de salinidad que hay en la costa.

Otro es el acero A-580, que se emplea mucho en puentes porque no necesitan siquiera de una mano de pintura, porque lucen incluso como acabado.

Tito Klaere, ingeniero civil, especialista en construcciones metálicas, explica que la propiedad de este acero es que tiene un alto porcentaje de cobre en su composición, y con la brisa marina parece llorar lágrimas de este color. “Ese lagrimeo le da como una protección al acero, viene a ser como la pintura de esa plancha y lo protege del ambiente corrosivo”, dice el técnico. Las láminas del A-580 para puentes son gruesas: 10, 20 y hasta 40 milímetros y fueron puestas en la mayoría de puente de la vía Guayaquil -Salinas, aunque estas sí fueron pintadas.

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