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‘Ghosting’: desaparecer sin decir adiós

Se lo llama ‘ghosting’ a la cruel manera de terminar las relaciones de pareja, amistad y trabajo en la era digital. La principal señal para reconocer que la persona le está haciendo ‘ghosting’ son las promesas en corto tiempo.

03 nov 2017 / 00:00

Seguramente le pasó: le presentaron a alguien, se siguieron en redes sociales, chatearon, tuvieron varias citas e iniciaron una relación cercana. Todo iba bien entre los dos, pero un día, de repente, se cortó el contacto. Sin decir adiós lo dejó ‘en visto’ en WhatsApp y no lo volvió a llamar.

Si se identifica con esta situación, ha sido víctima del ‘ghosting’, vocablo en inglés que se traduce a “hacerse el fantasma” en la vida virtual, en lugar de acabar su vínculo de frente.

Aunque no existen cifras exactas acerca de este fenómeno en Ecuador, los expertos revelaron que son un motivo de consulta bastante común. No solo en el ámbito del amor, sino también en nexos de amistad y trabajo, comentó Piedad Ortega de Spurrier, psicóloga clínica.

El ‘fantasmeo’ o abandonar contacto sin previo aviso tiene riesgos emocionales, tanto para quien lo sufre, como para quien lo pone en práctica.

El “abandonado” tiene efectos dolorosos, traumáticos y suscita un estado de angustia y soledad, explicó la psicóloga. “Los procesos de duelo son más lentos porque el sujeto tiene que tomarse más tiempo para crearse o inventarse una hipótesis que justifique una ruptura abrupta”, enseñó Ortega. ¿Estará ocupado, le pasó algo, hice algo mal?

Por lo tanto, no es extraño que los afectos depresivos sean mayores, producto del desarraigo que se produce cuando lo que sostenía una vida se reduce al silencio, reveló.

El tipo de personas que aplican esta cruel manera de acabar las relaciones, según Cecilia Chávez, orientadora familiar, además de revelar su inseguridad, lo hace por la comodidad de evitar el conflicto, como librarse de reclamos, llantos o el clásico “no eres tú, soy yo”.

Sin embargo, también tiene sus consecuencias psicológicas, pues debe afrontar los sentimientos de culpa por haber dejado a su compañero de esa manera. “Los que lo asumen son los que ven a las personas como objetos del mercado, es decir, desechables e intercambiables”, agregó la psicóloga.

Desde que los niños ingresan en el universo virtual, como modo de relación interhumana, se producen estas acciones, refirió Piedad, práctica que ocurre en adolescentes y adultos.

Si bien ausentarse de la noche a la mañana no es un acto nuevo (pues antes solo le dejaba de contestar las cartas o no lo volvía a llamar a casa), el hecho de hacerlo bajo el paraguas virtual, lo vuelve una tendencia de estos tiempos. Ya que las redes sociales nos han acostumbrado a eliminar, bloquear y dejar de seguir, en segundos.

No obstante, ahora aplicar el ‘ghosting’ se trata de una desaparición duplicada, reveló Carlos Tutivén, sociólogo, puesto que antiguamente lo que se ausentaba era el cuerpo en el espacio físico. En cambio, hoy, es dentro del virtual, donde ya se había ido la persona, pero quedaba la “presencia” de un texto, de una voz, o de una imagen, esclareció el profesional.

Lo que hace que la persona que huyó sin previo aviso se sienta menos culpable y sin remordimiento, en comparación a los “fantasmas” del siglo pasado, por la facilidad que las tecnologías de la conectividad permiten, opinó Lady Rojas, psicóloga clínica. “Para estas personas las redes son “como jugar a la lotería, si no me funciona, me desaparezco”, definió Rojas, una forma de no asumir responsabilidades, por lo tanto, si no hay compromiso, ni vínculo, no le parece relevante darle explicaciones.

Por eso, cada vez es más fácil deshacernos de la gente. “Con solo un clic se puede obtener una satisfacción o un rechazo sin que exista una conversación. Las relaciones se deshumanizan, se canalizan, todo es posible de ser cambiado o anulado”, añadió Ortega.

La principal señal para reconocer si una persona se va a hacer el “fantasma” con usted, son las promesas en corto tiempo, explicó la orientadora. “La persona que ni bien te conoce, pero ya empieza a expresarte sentimientos y afecto”, avisó.

Finalmente, los especialistas coincidieron en que si ha sido víctima de esta práctica más de una vez, primero, no debe victimizarse, sino seguir con su vida. Pero analizar qué está haciendo para que le ocurra esto. Asimismo, tratar de que en cualquier otro vínculo se fortalezca su relación en vivo y en directo.

Cada vez más incómodos con el contacto personal

Estamos acostumbrados a conversar por mensajes de texto, notas de voz y compartiendo nuestra vida en redes sociales, lo que hace que cada vez más nos sintamos más incómodos con el contacto personal.

Hoy, el saber conversar es un arte olvidado y aparentemente muy debilitado, comentó el sociólogo Tutivén, y añadió que conversar requiere de la presencia física, mental y emocional de los dialogantes. Sin embargo, con las redes sociales, más que conversación, lo que tenemos son intercambios fugaces y precarios, de información. “Ritmos fragmentados, discontinuos del habla, sin foco constante, ni profundidad, especialmente entre los jóvenes mediatizados por los dispositivos móviles”, opinó el experto.

En este contexto, eliminar, bloquear, hacer ‘unfollow’ a un sujeto, es una “violencia simbólica”, agregó Carlos, pero sin las consecuencias sociales de las violencias de antaño, que podían terminar en un conflicto familiar, de cotilleo social, e incluso de resentimientos sostenidos en el tiempo.

Lady Rojas, psicóloga, comenta que el conversar en lo virtual nos deshumaniza, “porque ya no se siente la empatía que debería, alguien se siente triste y tú cambias, hablas con otro por si te aburres. Se pierden los valores y solidaridad”, concluyó.

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