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Construcción ignífuga

Una protección pasiva contra incendios

11 mar 2017 / 00:01

Mientras el planeta idea formas más eficaces de prevenir y combatir los incendios, los ecuatorianos seguimos dependiendo del pequeño extintor o de los bomberos. Para muchos, la seguridad en sus viviendas sigue siendo soslayada por una cuestión de dinero o de cultura, pese a que la aplicación de productos resistentes al fuego son una exigencia desde 2015 con la entrada en vigor de la Norma Ecuatoriana de la Construcción (NEC-15), que contiene disposiciones que remiten a los constructores su cumplimiento.

Lo cierto es que al país están llegando nuevos productos y técnicas avanzadas para hacer frente al fuego. Se trata de materiales que poseen la cualidad de no encenderse o de retardar las llamas, es decir, quemarse muy lentamente para dar tiempo al propietario o a los bomberos para que sofoquen el foco ígneo.

La característica antifuego es actualmente de mucha utilidad para quienes deseen mejorar la seguridad de su vivienda o cualquier otra edificación, al tiempo que permite lograr una mejor habitabilidad y comodidad. Los materiales ignífugos son, por tanto, uno de los principales productos que se consumen en el planeta para salvar vidas y edificaciones.

Pero a pesar de la no existencia de construcciones del todo ignífugas, existen posibilidades de hacer las edificaciones resistentes a las llamas (y su difusión), con la utilización de distintos materiales, a la hora de construir.

Por ejemplo, tenemos al alcance una gran variedad de compuestos ignífugos que van desde simples materiales de origen natural a productos manufacturados. Un producto que se está usando mucho es la lana mineral, el cual sirve como aislante térmico y también como ignífugo y se caracteriza principalmente por su flexibilidad, que le permite ser fácilmente instalada en casi cualquier superficie o parte de la edificación.

Fidel Gracia es un ingeniero industrial español, quien dirige una empresa especializada en la aplicación de retardantes contra el fuego en las estructuras. Él los aplicó en el nuevo Hospital de Especialidades de Portoviejo y hoy busca dar a conocer más estos productos y promover la llamada construcción ignífuga.

“Nosotros tenemos un material llamado Lanaterm, cuyos valores físicos son 135 frente a los 45 mejores del poliuretano; es totalmente incombustible y tiene una capacidad de absorción acústica extraordinaria, cosa que el poliuretano no tiene”, dice Gracia. El producto -que se aplica mediante proyección mecánica- se coloca en espesores de 20 hasta 150 milímetros en estructuras, losas y tabiques.

Álex Pozo, especialista en aislamiento térmico y acústico de techos y paredes, aclara que si bien productos como la lana mineral retardan la acción del fuego, esta no protege una estructura contra el ruido ni el calor, una cualidad que él sí le concede a la espuma de poliuretano.

Este ingeniero guayaquileño, que tiene una maestría en Administración de Negocios, niega que el poliuretano sea nocivo y que esté siendo prohibido en regiones como Europa.

“El poliuretano, entre rígido y flexible está en todo -recuerda Pozo- en el colchón, en los asientos del carro, en la refrigeradora...”.

En lo que sí están de acuerdo ambos emprendedores, es en el hecho de que tanto los productos aislantes como los resistentes al fuego siguen siendo un tanto desconocidos en nuestro país.

Gracia considera que en el futuro todos estos tipos de ‘materiales ocultos’ se irán aplicando en nuestras edificaciones “porque el confort acústico de una vivienda es tan importante como el confort sanitario”.

Si bien en el país de donde procede este técnico y en toda Europa la utilización de estos materiales está debidamente normada y son una exigencia, acá ni siquiera lo son el uso de extintores y alarmas contra el fuego, sobre todo en el ámbito residencial.

“Somos tierra virgen en cuanto a defensa contra incendios”, corrobora Juan Zurita, quien montó y dirigió una empresa local que ofrecía sistemas de detección y combate al fuego.

Él señala que aunque hoy hay muchas formas de combatir las llamas, la gente pone reparos para invertir, aunque sea una pequeña cantidad de dinero, en la seguridad de su familia y la integridad de sus bienes.

El Cuerpo de Bomberos de Guayaquil dijo a EXPRESO que el promedio mensual de incendios en edificaciones es de 35.

Lo cierto es que, al menos, de falta de materiales y sistemas que hoy permiten estar más protegidos, ya nadie se puede quejar. El mercado ofrece desde un extintor de $ 20 hasta la sofisticada aplicación de materiales incombustibles. Si bien esta última opción no entra en los presupuestos de una familia común, la inversión sigue siendo ínfima frente a las grandes pérdidas que dejan este tipo de eventos.

Obra Pionera

El Hospital de Especialidades de Portoviejo está protegido

El nuevo Hospital de Especialidades de Portoviejo es una de las pocas edificaciones que en el país cuentan con productos retardantes y antipropagación del fuego sus estructuras. El año pasado, la empresa Andiprotec traída por el contratista de la obra, trabajó en el aislamiento termoacústico de las cubiertas con un mortero de lana mineral llamado ‘Lanaterm’. La misma compañía aplicó lana de roca proyectada a las estructuras metálicas.

Construcción ignífuga

En el Ecuador hay muy pocos productos de resistencia al fuego y las medidas de activa,de antipropagación son bajas.

Ing. Fidel Gracia

Andiprotec

Construcción ignífuga

Estos productos se usan para proteger columnas, paredes y otros elementos de los edificios, pero no para aislamiento térmico.

Ing. Álex Pozo

Ecuapoliuretanos

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