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Rincones con amor

22 dic 2017 / 19:04

Los ambientes de las casas cambian en estas fechas. Aparecen el árbol, el nacimiento, la ciudad blanca, entre otras decoraciones propias de diciembre, las cuales llenan los ambientes de alegría. Revista SEMANA muestra las obras de dos mujeres que no son decoradoras, pero... aman la Navidad.

Su raíz: la familia

La empresaria Nora de Quezada tiene una agenda apretada:viajes, eventos, reuniones. No obstante, hizo un alto a sus actividades para poner su tradicional árbol de Navidad, que tiene más de 15 años, mide 2,5 m y está ubicado en un lugar donde todos pueden admirarlo: desde el comedor, la sala de entretenimiento, el privado y tres salas más. Y es que hay mucho que ver en él. Los colores que ha utilizado armonizan con los tonos de la casa (dorado, bronce y toques de concho de vino y fucsia). Cuenta que montarlo le toma un día, pues este tiene la ventaja de que las luces vienen adheridas a las ramas. Verlo encendido es un espectáculo, pero lo que más llama la atención es cómo la decoración de este pino habla mucho de Nora, pues algunos de sus adornos son pequeños nacimientos, exaltando así la importancia de la familia. Y para complementar este tema, dos esferas con los rostros de sus primeros nietos surgen entre las ramas. Del árbol sobresalen los adornos de aves, que le recuerdan el cántico que suele escuchar en los exteriores de su residencia. No podían faltar los hermosos ángeles, seres que siente que la protegen siempre.

Un gran nacimiento y una ciudad blanca dan la bienvenida a los visitantes que llegan a esta navideña residencia ubicada en Samborondón.

Cuando la fe construye...

Tiene 80 años y posee una gran vitalidad producto de su amor a Dios. Así es doña Gloria de Ceprián, autora de un belén gigante no solo en dimensiones (3 m de profundidad por 2,5 m de ancho y 3 m de alto), sino también en amor, paciencia, creatividad y fe. Desde hace 20 años lo monta. Antes era más grande, pero al cambiarse a un departamento redujo su tamaño, mas no su pasión.

Primero pone el cielo (tela celeste con apliques de lentejuelas) y luego el papel kraft pintado. De allí pone tres grandes tablas (desniveles), que son sostenidas por varios caballetes. Después vierte la arena y coloca las luces e infinidad de figuras, tantas que ya perdió la cuenta de cuántas posee.

Su belén le toma 15 días elaborarlo y cada año trae algo nuevo o cambia la posición de alguna escena. Este 2017 incluyó un difusor de luz que reproduce el efecto de las estrellas. Confiesa que aunque cuenta con ayuda, el trabajo es cansado y que cuando está agotada ora:“Jesús, ayúdame” y literalmente cobra nuevas fuerzas y sigue con su nacimiento, el cual recibe visitas de amigos, familiares, vecinos, etc. Ella recibe a toda persona que quiera ver no una obra de arte, sino una obra de amor.

La particularidad de este pesebre es que las grandes cuevas son elaboradas con troncos hallados en las playas ecuatorianas, y el 80 % de las edificaciones son confeccionadas por ella (con corcho y cartón), al igual que algunos árboles.

Su amor por los nacimientos es tan grande que en la sala hay uno de más de 1 m, traído de Filipinas. También hay otros, procedentes de Perú, Chile, Haití, México, España, entre otros países, que ha visitado.

A LA CARTA