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Ellos dicen sí

16 feb 2018 / 18:17

Una realidad que rehúsa a irse. Está tan arraigada que pocas veces se cuestiona. Se trata de una interrogante que casi casi tiene derecho de autor. Es que desde tiempos inmemorables son ellos quienes deben preguntar y ellas quienes se sientan a esperar. ¿Pero por qué las mujeres no piden matrimonio a los hombres? Silencio. Nadie se acuerda. Pero teorías existen.

Los avances no se detienen para la mujer en los ámbitos de la vida, opina la psicóloga clínica y magíster Carla Taranto, quien considera que el ritmo frenético y de iniciativa que pueden vivir en su carrera profesional, también buscan trasladarlo a lo personal. Juzgarlas por declararse puede adquirir un tono machista, y lo que impide que ellas lo hagan es la estigmatización del rol femenino, que puede verse incluso por otras personas bajo un concepto ‘desesperado’ o ligero, indica la experta, quien menciona que contrario a lo que se puede pensar, por las imposiciones sociales, el hombre podría sentir presión por ser siempre quien deba iniciar, conquistar y seducir.

El sociólogo Galo Almeida comenta que este fenómeno se da con mayor frecuencia en países de Europa, pero que en Ecuador se replica al existir contacto con las costumbres europeas ‘más abiertas’. También analiza que se debe principalmente a un factor: la mujer ahora tiene una mayor participación sociolaboral, la cual le da mayor independencia económica y un rol más igualitario en el hogar. “Es ahí que surge un cambio de actitud más independiente de ellas al dejar de ver con prejuicio que la mujer pueda expresar esos sentimientos que antes los escondía”, puntualiza Almeida.

Según un sondeo de Associated Press, el 75 % de los hombres encuestados confesaron que estaban de acuerdo con que la mujer tomara la iniciativa. Sin embargo, la experiencia real dista mucho de esta idea: solo en el 5 % de las parejas heterosexuales casadas se había dado el caso. Aún no existe paridad.

Lo cierto es que se acerca San Valentín, y las propuestas empiezan a rondar las mentes. Es más, ya se abrieron paso en tres mujeres que decidieron ir por quien querían. Conozca sus historias de amor.

No hay perfil

Efectivamente, no hay un perfil específico de este tipo de mujeres, señala Taranto. “Si es que existe uno, puede verse como alguien que tenga iniciativa, que esté enfocada y sepa lo que quiere, que se encuentre satisfecha con quien es, con su sexualidad, cómoda con su seguridad, autoestima y cuerpo”, manifiesta la experta.

Sensaciones y emociones

Que se le declaren o ella expresar sus sentimientos genera en la mujer diversas emociones y sensaciones. En el primer caso se va a sentir bien consigo misma y va a proyectar eso; en el segundo puede producir sensaciones de control y aumentar su seguridad, subraya Taranto, a quien le preguntamos qué es lo que ellas más pedirían: ¿empezar un noviazgo o el matrimonio? “Ellas se sienten más cómodas en estados previos de la relación, declararse en esta etapa. Tal vez no quieren ser percibidas tan activas, controladoras o fuertes respecto a pedir matrimonio, porque eso podría desencadenar la percepción de que el hombre es poco viril”, puntualiza la magíster.

‘Diseñando’ una relación

Nacieron en el mismo hospital, año y día. La diferencia: una hora y media entre el nacimiento de Francisco Vargas (mayor) y Estefanía León Pasaguay (28 años). Él asegura que si ella no hubiese estado en la zona de prematuros, hubiese sido su compañera de cunero, como lo fue en la universidad. Los dos estudiaron Diseño Gráfico, profesión que ejercen actualmente.

Piensan similar, se ríen casi que al unísono, nacieron el uno para el otro, y Estefanía lo descubrió en 2016 cuando le dijo a su mejor amiga: “Ya sé cómo es el hombre que quiero: sincero, responsable, comprometido, respetuoso, con buenos lazos con su familia. Alguien como Francisco”. Ella le respondió: “¿Por qué no estás con él, en lugar de buscar a alguien como él?”. Él reconoce que sentía lo mismo por ella, pero no quería dañar la amistad.

Un día mientras ambos chateaban, una amiga animó a Estefanía a confesar su amor y ella le mandó el mensaje: “Tengo algo importante que decirte, te lo digo luego”. Francisco insistió y ella escribió: “Creo que me gustas”. La respuesta: emoticones sin boca y muñecos de nieve. Así le dejaba ver que la noticia lo dejó helado. Luego se vieron y ella le expresó que él cumplía con las cualidades que buscaba, que si no se lo decía no sabría si funcionaría o no la relación. Él le respondió: “Es verdad, podríamos arriesgarnos para ver qué ocurre”. Y se hicieron novios.

Francisco considera que hay que romper estereotipos. Y no debe ser una regla que el hombre sea quien siempre se declare. Estefanía se muestra orgullosa de su decisión. “Si yo no voy por lo que quiero, ¿entonces quién?”. Y justamente esa seguridad y madurez es lo que a Francisco le atrae de su pareja. Hablan de que la relación crezca y se fortalezca. ¿Habrá boda? ¿Quién hará la petición? Ninguno lo revela, aunque ella aclara que no se va a casar a los 30 años, que tiene que ser antes... Los dos se miran y no pueden evitar reírse.

Sin nervios y decidida

“Le dije así: ‘Cásate conmigo’”, fueron las palabras de Fernanda Malavé, quien ahora lleva cuatro años de matrimonio con Rafael Segovia Ayon. Recuerda que tomó la iniciativa porque él es bastante meticuloso y medita mucho cada paso que da en su vida, característica que atribuye tal vez a su ascendencia china. Dice que en el momento de la propuesta no tuvo nervios. “Estaba muy decidida, sabía lo que quería”, afirma. Aprovechó una celebración de aniversario para dar el paso. Sin embargo, antes lo consultó con sus amigas, quienes no dudaron en alentarla. “Me decían: ‘Si tú notas que te ama, de una lánzate y ya verás que te va a decir que sí’. Me echaron las porras” (ríe).

Y así fue. Sonrojarse fue la primera reacción de él, cuenta Malavé. “Se sintió un poco intimidado porque su mente no estaba preparada para que sea yo quien le propusiera matrimonio... No pensó que me atrevería”. Ella revela que a su familia no le causó tanta sorpresa porque conocen que ella ‘rompe esquemas’. “No nos gusta ceñirnos a la tradición o hacer algo porque así lo dicta la sociedad. Mi mamá nos educó así, independientes”. Piensa que las mujeres también deberían tener la iniciativa y tomar toda decisión siempre con cautela, porque “hay hombres que necesitan un empujoncito”.

Ellos dicen sí

Solo le dio un ‘empujoncito’

Era un 23 de agosto de 2015, 20:30. Rocío Zamora toma el micrófono y ante cientos de personas le pregunta a Byron Zevallos: “¿Quieres casarte conmigo?”. Su mirada lo busca entre la gente, él aparece y responde el anhelado “¡Sí quiero!”. Todos celebraron con la pareja que lleva 22 años de relación, de los cuales 19 de ellos les tocó vivir a cada uno en sus casas, con sus respectivos hijos (fruto de sus relaciones previas).

¿Por qué lo hizo? Rocío venía de un retiro (que se lo regaló su cónyuge) y Dios le hizo entender que les hacía falta llevar un orden como pareja, el cual empezaba con el matrimonio. “Él quería casarse, yo le di el empujoncito. Ahora sé que mejor son dos que uno, que juntos nos ayudamos y que solo la muerte nos separará. Reconozco que fracasar en la relación era mi miedo y por eso me negaba a dar el ‘sí’ cuando él me pedía matrimonio.”

Ahora comprende bien el versículo bíblico “El hombre que halla esposa encuentra un tesoro y recibe el favor de Dios”.

Nunca pensó que los papeles cambiarían, pero reconoce que él es un hombre que lo vale. “Es el padre de mi hija, la vía que Dios usó para conocerle”, dice la señora de Zevallos, quien al mes de la petición se casó y fue a vivir con él y Bianca, de nueve años, hija de ambos.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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