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Julián Quintanilla: “El arte no puede dejar de ser irreverente por el fanatismo”

El dramaturgo español llegó a Guayaquil. EXPRESIONES habló con el también cineasta para recoger sus impresiones sobre lo acontecido con la obra El Santo Prepucio.

18 ene 2018 / 18:19

Como es de conocimiento público, la semana pasada, la obra de microteatro El santo prepucio fue considerada por un grupo de católicos como blasfema e inmoral. La presión dio lugar al cierre del local Pop Up Samborondón donde se presentaba. Luego se levantó la medida al no hallar ninguna ofensa en su argumento, se solicitó que solo se cambie la imagen del afiche (dos monjas con un chorizo).

Aunque las aguas parecen haberse calmado, tras anunciarse nuevas funciones desde el 22 de enero, su autor, el actor, director y dramaturgo español, Julián Quintanilla, está en Guayaquil para defender su obra que narra la historia de dos religiosas que para sacar fondos mienten acerca del hallazgo del ‘santo prepucio’. EXPRESIONES habló con el también cineasta natural de Badajoz para recoger sus impresiones sobre lo acontecido.

¿Es cierto que esta es la primera vez que El santo prepucio ha sido censurada, pese a que se ha presentado en varias ciudades del mundo, incluyendo Guayaquil, a qué lo atañe?

Lo ataño a la ignorancia, la gente que llegó al teatro no es de fe, sino fanática. Pensaron que ‘el santo prepucio’ era algo que nos habíamos inventado nosotros, cuando es la reliquia más famosa de la Iglesia católica. En Europa estuvo el prepucio en muchos templos al mismo tiempo. Nos pareció hacer de esto una comedia muy interesante. No hemos usado nada que no haya sido hablado por la propia Iglesia y además defendemos la fe que suele ser aprovechada para mercadear y conseguir otras cosas. Creo que en eso tocamos la llaga.

Ese grupo rechazó ver a dos monjas con un chorizo

En España las monjas matan cerdos para comer, hacen salchichas, morcillas y jamones. Es una comedia artística e irreverente basada en la paradoja de quien más defiende la fe es la que menos la defiende realmente. Ver a una monja con un chorizo no pasa nada. Por la misma razón deberían irse a los canales de televisión donde hay gente que muestra imágenes mucho más obscenas que atentan contra la moral del catolicismo. Además yo puedo ser budista, no tengo porqué hacer culto a la Iglesia católica. Lo que se interprete en una imagen está en la cabeza de cada quien.

¿Y en qué momento la libertad de expresión se transforma en transgresión?

No lo sé, la transgresión no está en la cabeza del creador, sino de quien la mira. Esta comedia no es transgresora sino divertida, de los dedos de Santa Teresa hay muchos, no pretendamos que ella tuvo cincuenta manos. Me pregunto si las señoras que tienen hijos nunca han tocado un prepucio. El arte no puede dejar de ser irreverente por el fanatismo. Por eso el lunes que viene daré un discurso a las 19:00 en Pop Up de Samborondón a favor de la libertad de expresión. Ecuador no es la imagen que vimos la semana pasada y espero ver al alcalde y al comisario esa noche.

¿La libertad de expresión no tiene límite ni barrera alguna?

Tiene el límite de la legalidad, tú puedes ser libre hasta que no faltes el respeto a los demás, está muy claro. No puedo insultarte en nombre de la libertad de expresión y no lo hemos hecho con la obra que se ha presentado en un lugar privado no en una plaza pública.

¿Y qué piensa de obras en las que se utilizan imágenes sexuales que involucran a personajes religiosos y son ridiculizados como ocurrió en París con Charlie Hebdo?

Solo te puedo hablar de mi caso y lo que conozco. Pienso que la censura nunca es buena para el ser humano, el verdadero arte enseña realidades que no conocemos y no debe estar unido a una religión. O sea, ¿no puedo hacer un retrato de Satán? Mientras esté dentro de la ley lo haré, es la ley la que marca el límite, no respetarla es un atentado grave a esa libertad. No podemos atentar contra el arte y la cultura, no pueden cerrar un teatro. No a la censura.

A LA CARTA