Oye Manolito ¿cómo está la gente por tu sector? ¿No tienen ningún reclamo para el Municipio?, ¿Si les está llegando la obra pública?", le pregunta el alcalde de Salitre a un tricicletero que pasa por la calle del Cabildo. "Si señor alcalde estamos contentos con la obra, el relleno nos ha servido mucho y ya no pasamos las de Caín (difícil) en los inviernos".
Mientras conversa con Manolo, más de cinco personas lo rodean, le dan la mano y le piden obras: "Alcalde necesito asfalto en mi calle", dice un montubio trepado en una bicicleta. Yo quiero rellenos nomás, le solicita Jorge Castro de la parroquia Los Tintos.
Julio Alfaro anota en una libreta y sube al edificio del Municipio. Viste una guayabera blanca y lleva un sombrero negro en su cabeza. Cuenta que casi nunca se lo saca, aunque en dos ocasiones por llevarlo casi le impiden el paso a ciertas actividades públicas. "Pero esa es mi forma de vestir. Es como si a un ejecutivo lo invitan a una fiesta y antes de entrar le piden que se saque los zapatos. Eso es una ofensa. Soy montubio y estoy orgulloso de serlo". Ser sobrino nieto del general Eloy Alfaro le marcó un referente y le ha dado pautas en su vida. Desde pequeño quiso emular al ex presidente, tanto que a los siete años de edad le preguntó a su padre don Julio Alfaro Yépez, por qué no lo bautizó como Eloy en lugar de Julio. "Mi padre con mucha paciencia me dijo, que los nombres no hacen exitoso a ningún ser humano. Que el éxito depende de la pasión que uno le ponga a cada cosa que emprende. Que de uno depende hacer de su nombre una leyenda".
Esas palabras me llenaron de emoción y decidí admirar al general pero no vivir a su sombra. Me busqué mi propio espacio, que aunque ahora es reducido, poco a poco se extenderá. "Me conformé con ser Julio Alfaro. Estudié abogacía y todo lo que he logrado en mi vida política me lo he ganado con mis propias acciones; lógicamente inspirado en esas lecciones de moral del general, pero no usando su apellido ni su nombre para lucrarme".
En el 2002 el dirigente indígena Luis Macas le propuso acompañarlo como candidato a vicepresidente, pero no aceptó porque estaba comprometido con su natal Salitre.
No oculta su deseo de ser presidente y dice que está trabajando para ello, porque ese es su más grande sueño.
De secretario de una cooperativa de ahorro y crédito pasó a ser alcalde de su cantón por pedido de un grupo de habitantes del lugar. Y aunque su triunfo, en el año 2000, parecía asegurado, apenas superó a su rival con algo más de 300 votos. Pero ese salto a la palestra política le es muy útil para servir a su comunidad. No se cree un salvador de nada ni de nadie, solo se considera un buen administrador de los recursos de los salitreños. Cuenta que aunque vive cómodamente lo hace en la casa de sus suegros porque aún no tiene una vivienda propia y que está pagando un carro que se compró hace poco.
¿Pero no a todos sus coterráneos les debe caer bien? le preguntamos.
Pero lógico nadie es monedita de oro. Algunos políticos me han enviado por tres ocasiones a la Contraloría pero jamás han encontrado nada. Yo duermo tranquilo. Aunque una vez me implicaron en un asesinato de un concesionario de arena, todo mi pueblo sabía que eso era mentira. La familia del fallecido declaró que yo era uno de los sospechosos, pero a mí nadie me llamó a declarar porque las autoridades se dieron cuenta de que la acusación era errada. Soy montubio pero solo disparo el 12 de octubre en los rodeos, cuando estoy alegre.
Ideología y misión
El Concejo Cantonal de Salitre, a diferencia de otros, como el de Guayaquil, no tiene una mayoría de concejales afín al alcalde. Alfaro apenas cuenta con un edil de Alianza Salitreña, movimiento que lo llevó a la alcaldía.
Pero eso no interesa, asegura, nosotros no nos detenemos en luchas ideológicas. Nuestro rumbo es claro, servir a nuestra comunidad. A los más de 55.000 habitantes que tiene este cantón. Tenemos 5 tendencias políticas pero aquí prima nuestra misión.
No existe egoísmo de mi parte, al contrario les pido que se preparen porque algún día dejaré el cargo y espero que quede en manos de un concejal honesto, trabajador y que cumpla con su pueblo. Su sencillo despacho en el segundo piso del Cabildo sirve para reuniones del Concejo y de trabajo, para recibir los martes a los pobladores que han solicitado audiencia y hasta de bodega para guardar pupitres y sillas que serán donadas a las escuelas fiscales del cantón.
Pocos lo relacionan con el presidente Rafael Correa, pero existe un parentesco. "Él es familia de Eloy Alfaro por el lado de los Delgado y yo por los Alfaro. Cuando asumió el poder en Zumbahua me invitó. Le llevé una correa, un machete y un sombrero como gesto de gratitud y como símbolos del montubio".
No es partidario de las revoluciones armadas pero está gestando una revolución educativa en todo su cantón. Así mantiene vivo el espíritu de Alfaro. Sirviendo a su gente pero con el deseo de servir al país.