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Venezuela: corrupción y dictadura

12 ago 2017 / 00:00

    En ninguno de los países en donde sigue operando como fórmula de enriquecimiento rápido la innegable corrupción previa, que generó equívocas reacciones populares, no puede ser usada como justificante de la que actualmente continúa instaurada, con el agravante de darse impúdicamente incrementada.

    En efecto, la Venezuela anterior a Hugo Chávez no era precisamente un paradigma de comportamiento honrado en el manejo de los ingresos generados por el petróleo, mineral al que algunos de los hombres más ilustres de la patria del Libertador, tal cual el padre de la OPEP, Juan Pablo Pérez Alfonso, se permitieron denominar, precisamente por su efecto corruptor, como excremento del diablo.

    Bien clamaban por ello ilustres pensadores, respecto a la necesidad de “volver a poner de moda la honradez” y con esa consigna renació la democracia venezolana de Rómulo Gallegos y Rómulo Betancourt. Lamentablemente, la abundancia dio paso a una desgraciada laxitud en los controles y del despilfarro dispendioso se pasó al asalto de los fondos públicos como una cuestión inherente al ejercicio gubernamental.

    De allí a nuestros días, luego del intento golpista de Chávez, el pueblo le otorgó legitimidad democrática, lo hizo presidente y se observó con atención, continental y mundial, lo que estaba ocurriendo con su adhesión al denominado socialismo del siglo XXI, sustentado desde sus inicios en una alianza cívico-militar.

    En la práctica, tempranamente, ese esfuerzo empezó a degradarse al permitir evidenciar en su matriz ideológica una fuerte voluntad totalitaria que, entre otros síntomas, dejó ver una inequívoca voluntad de permanecer en el poder recurriendo, aprovechando del desencanto, a los métodos tradicionales de la democracia. Así, ganó varias elecciones sucesivas y dio paso a una sola derrota para poder argumentar que los sufragios respetaban las decisiones del electorado. De entonces a la fecha, es tragicómico que los países de América Latina “descubran” que en Venezuela rige una dictadura. Se han requerido más de cien muertos para asumirlo. Sin embargo, la vergüenza mayor la generan repúblicas como el Ecuador, que traicionando su limpia hoja en defensa de los derechos humanos, cualquiera sea el país donde se los viole, ahora se suma al respaldo que el dictador caribeño aún logra concitar.

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