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Retorno del cupo universitario

20 jun 2017 / 00:00

    En 1968-1969 en Guayaquil y en todo el país se vivieron momentos de gran agitación y movilización callejera con acciones realizadas cotidianamente. Los bachilleres protestaban en las calles exigiendo la abolición del examen de ingreso y que se terminara con los odiosos cupos de acceso a la universidad, los cuales impedían sus aspiraciones.

    Se inició así un proceso donde los jóvenes aumentaron su iracundia pues no fueron escuchados, entendidos ni atendidos. Esto terminó en un atardecer y noche de represión, gases, heridos y muertos en la vieja casona de la Universidad de Guayaquil. Después, un Consejo Universitario dio paso al petitorio: quedaron abolidos los odiosos cupos y el libre acceso a las carreras universitarias fue concedido a los bachilleres.

    Mucho se discutió desde ese mayo de 1969 y en días posteriores respecto a esa medida de las autoridades universitarias sobre si se debió o no abolir el examen o poner un curso propedéutico que “nivele conocimientos” de los bachilleres. Más tarde, en los hechos, el curso preuniversitario fue aceptado por todos ellos. De esta manera pudieron acceder a las carreras que elegían.

    El actual régimen elaboró e impuso un curioso y singular “test”. Dijo que no era de evaluación sino de habilidades y destrezas para probar que el bachiller estaba en condiciones de pasar a ser universitario. También que era estrictamente técnico y que en su elaboración participaron profesionales de alta capacidad psicopedagógica.

    Cierto o no, en la práctica, ese “test” que distribuía y asignaba carreras y cupos terminó por generar una situación irregular y anómala para los bachilleres. Luego de algunos años de instaurada esta medida lo cierto es que los egresados de los colegios que no han podido a ingresar a la universidad ya exceden los 250 mil. Y además se cuentan por miles los que habiendo podido aprobar y que tuvieron acceso a ella, no fueron asignados a las profesiones que ellos escogieron.

    Estos son los crudos hechos. Es bueno que una nueva autoridad dialogue con universidades y bachilleres y se interese por atender este problema.

    El curso preuniversitario y su aprobación debe existir como requisito indispensable. Pero lo que no debe retornar son las limitaciones que no garantizan el ingreso a la universidad o que impiden que el estudiante siga la carrera que ha elegido. Resolver esto es bueno para el país.

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