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Política y “linchamiento mediático”

16 sep 2017 / 00:01

    La política, con su lógica singular y procesos, especialmente lo que dicen y hacen algunos líderes, debe ser adecuadamente analizada, asimilada y bien comprendida. Si no se hace esto se corre el riesgo de aceptar como “verdades” muchas de las falacias y evidentes mentiras que se suelen usar, expresar y difundir en la práctica discursiva.

    Esta práctica, constantemente, es una efectiva utilización, y a veces manipulación, de la acción comunicativa de los líderes políticos. Por eso hay que estar atentos para realizar una necesaria recuperación de la memoria histórica. Sobre todo de recordación de lo que han dicho y hecho cuando han sido gobierno, y por lo tanto, ejercido el poder.

    Por eso ahora algunos políticos que están siendo cuestionados e investigados por sus acciones en el ejercicio del poder, y su gestión puesta en entredicho, usan un sinnúmero de expresiones para confundir. Una de ellas la inventó el anterior gobierno: el llamado linchamiento mediático.

    Esta expresión es propia de los políticos que se victimizan. Tiene la intención de señalar que son perseguidos por los medios de comunicación. Así, descalifican, desconocen e invalidan la investigación periodística, principalmente cuando la prensa descubre y devela hechos oscuros, ocultos y hasta de corrupción.

    Hoy se usa esto en nuestro país. Sin embargo, los que recurren a ello son precisamente quienes han sido parte de un gobierno que persiguió, enjuició y penalizó la libertad de pensamiento y de prensa. Esto es lo que los líderes omiten, pero es necesario recordarlo porque en el gobierno anterior se judicializó el trabajo de la prensa independiente y libre. Varios periódicos fueron insultados, enjuiciados y se buscó silenciarlos.

    Es curioso que los perseguidores de la libertad de pensamiento, de la penalización del periodismo de ayer, hoy digan que son “víctimas de linchamiento mediático”. En los hechos fueron ellos quienes persiguieron, vejaron y lincharon a la prensa. En este proceder no existe sindéresis.

    Los políticos, cuando su práctica y accionar están unidos a principios éticos, con gestiones transparentes, que no se ven ensombrecidas por actos de corrupción, no tienen por qué victimizarse. Este es un principio de fundamental honestidad cuanto de autenticidad de los verdaderos demócratas.

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