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Otro bochorno intolerable

14 ene 2018 / 00:01

    Aludir a lo consagrado en la Constitución de la República u otros textos legales parece resultar inoficioso. Podía uno preguntarse, respecto a recientes actuaciones de la Cancillería, si dichos preceptos legales estuviesen en plena vigencia: ¿puede un funcionario depuesto por una petición de la Contraloría ocupar otro cargo público? O también: ¿quién dispone las naturalizaciones, quién las firma?

    Si la respuesta a la primera pregunta es que quien ha sido depuesto por petición de la Contraloría no puede pasar, de pronto, a ser propuesto para ocupar la embajada del Ecuador en Italia, lo que se ha intentado hacer viola el ordenamiento jurídico de la República.

    En cuanto a lo segundo, si se ha cumplido con la ley, es responsabilidad del presidente de la República la naturalización del asilado en la embajada del Ecuador en Londres. Lo que no se sabe es si el denominado primer mandatario también participó en la fallida maniobra del objetivo asumido para proceder a dicha naturalización: convertir al señor Julian Assange en funcionario de esa misión a objeto de conferirle inmunidades propias de los agentes diplomáticos. Queda claro que el presidente de la República es quien define la política exterior y, sin duda, todo lo relativo al señor Assange, incluido lo inherente a la defensa de la libertad de expresión, atañe puntualmente a la política exterior del Ecuador.

    El asunto, tratándolo con la responsabilidad que amerita, reviste especial gravedad. El Ecuador se pregunta ¿hasta cuándo los intereses político-ideológicos del Gobierno o el de algunos de sus funcionarios van a ir a contrapelo de los intereses nacionales?

    ¿Hasta cuándo los subordinados de alto rango se permiten establecer contradicciones flagrantes con el discurso presidencial, aunque este haya recibido el beneplácito ciudadano que aspiraba a que no se trate solo de un cambio de estilo sino del reflejo de una voluntad de recuperar el talante democrático de la administración pública?

    También, por supuesto, es válida la inquietud respecto a por qué se le toleran tantos comportamientos equívocos al señor Assange, y ahora se lo premia concediéndole la condición de ecuatoriano, situación que dicho sea de paso determina la suigéneris circunstancia de tener a un compatriota asilado en una embajada ecuatoriana.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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