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No callar ni guardar silencio

17 may 2018 / 00:00

    Esta frase expresa la urgente exigencia social y cívica de los ecuatorianos. El hablar, el no guardar silencio respecto a las múltiples decisiones y acciones del anterior gobierno es una necesidad que emerge con la firmeza de un deber y obligación moral de todos. Sin ello no se podría pensar, hacer y actuar dignamente. Por eso el decir coloquial: “el que calla otorga”, adquiere hoy una mayor fuerza política .

    Muchas cosas sucedieron en la década pasada. Diversos actos de corrupción se encubrieron gracias a la forma de gobernar de un régimen que a pesar de que nació en las urnas y que parecía legitimarse en ellas, en los hechos, no podía reclamar el nombre de democrático. Incluso, con astucia jurídica creó un sistema normativo y legal que ocultó algunos latrocinios. Los ejemplos del monto excedido de la deuda externa, preventas petroleras, cambios en el marco legal del ámbito de acción de la Contraloría, las perversas argucias jurídicas con las cuales se persiguió, judicializó y reprimió al periodismo que no se alineó ni se subordinó a ese gobierno, estuvieron a la orden del día. La prensa fue objeto de insólitos “juicios” y penalizaciones, porque haciendo uso de la libertad de información noticiaba e informaba sobre lo que ese régimen escondía.

    Los casos de Odebrecht, Petrochina, contratos y sobreprecios de obras públicas, las “falsas fiscalizaciones” que ordenaba el régimen, la persecución a opositores, etc.; y lo más escandaloso: “la metida de mano a la justicia”, la presión sobre jueces y las órdenes que cada sábado se daban para instaurar procesos a personas e instituciones, etc., son hechos que no se puede ni se debe continuar escondiendo.

    Ahora que se comienza a recuperar la institucionalidad y la vida democrática, no es posible callar ni ocultar. Los perseguidos, atemorizados e intimidados deben revelar todo lo que por temor no dijeron. Solo de esta manera se podrá ir recuperando la normalidad y la normatividad.

    De mantenerse un silencio cómplice, el país podría seguir sujeto a un sistema jurídico, un accionar judicial y un régimen político que resulta imperativo superar y desechar, si en verdad se quiere recobrar la libertad. Es preciso desenmascarar a quienes delinquieron y llegar al fondo, no por venganza ni “placer de desquite”, sino para que el Ecuador se reconcilie y en unidad de fuerzas sociales pueda vencer la crisis económica y fiscal.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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