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Más cívico que “politiquero”

12 ene 2017 / 00:00

    Así debe ser asumido y practicado el proceso electoral. Cuando se lo comprende más del lado de la cívica ciudadana que de la política partidista es cuando mejor se aporta para que los electores crezcan en el ejercicio de la democracia.

    Cuando se pone mayormente el peso y acento en la necesidad de que este proceso enriquezca la cultura cívica de la ciudadanía es cuando se prueba cuáles son los programas, organizaciones, partidos y líderes que están efectivamente interesados en generar y desarrollar “conciencia democrática”.

    Decir que es “más cívico que político” no significa que el proceso que se inició esta semana no sea político: lo es y no puede dejar de serlo. Pero no llega a constituirse en tal, por algunas distorsiones ideológicas y por el modo en que algunos políticos lo podrían realizar. Se refiere específicamente a la forma como el discurso, la promoción y el programa partidista llegará a la ciudadanía.

    En el accionar electoral, cuando los políticos y organizaciones solo buscan convencer, captar, cooptar al electorado, no se aporta a la cívica ciudadana para que desde esta se produzca un efectivo crecimiento político de los votantes. En otras palabras, lo que se busca es “tomarse al electorado a cualquier precio”.

    Por esto es necesario que el accionar de las diferentes organizaciones y partidos, en estos 45 días que dura la campaña, no esté concentrado solo en “convencer para vencer”. Debe también interesarse en aportar elementos y argumentos políticos, objetivos, certeros y honestos. Solo así la conciencia cívica del ciudadano crece y comprende los contenidos que los políticos, con transparencia, transmiten a sus potenciales electores.

    Esto implica que los diferentes “singles”, consignas, “spots”, etc. de propaganda y promoción electoral no estén sustentados exclusivamente en la ambición de “sumar votos” sino también en exponer sus argumentos y propuestas sin la perversa intención de “engañar para ganar”. De ahí que cuando el candidato, en el actual proceso, sea capaz de atender al desarrollo cívico ciudadano de sus electores es cuando mejor estará haciendo la política.

    Esto es imposible para un demagogo contumaz pero es válido para quienes entienden la política como un compromiso y servicio a la sociedad. Esperemos que la campaña vaya más por el lado de la cívica que de la “engañifa politiquera”.

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