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Inundaciones y conducta ciudadana

21 mar 2017 / 00:00

    En el país, la estación lluviosa constituye un factor que siempre trae los más diversos efectos. Pero la ciudadanía no adecua su conducta para enfrentar estas situaciones. Tiende a ignorarlas y hasta las omite, pues en su rutina diaria, generalmente, no tiene comportamientos apropiados. Reclama derechos pero no asume deberes. No coopera cívicamente para que los efectos de los aguaceros no terminen inundando calles y barrios.

    Lo cierto es que las sucesivas inundaciones en las principales ciudades del país, especialmente en Guayaquil, tienen diferentes causas y responsabilidades. Es común que se afirme que los fuertes aguaceros anegan barrios y ciudadelas porque el sistema de evacuación de aguas lluvias es obsoleto, porque no ha sido reparado, ni ha tenido una limpieza oportuna, etc. Esto es verdad. Pero es solo un lado del problema, que corresponde a las empresas y municipios que tienen esta tarea. Sin embargo se ha probado y comprobado que en la mayoría de barrios y ciudadelas el taponamiento de las tuberías de desagües y sumideros se producen por una irresponsable conducta ciudadana, ya que cuando la empresa ha acudido a destaparlos encuentra que estos se encuentran en ese estado por diferentes tipos de objetos que obstaculizan el fluir de las aguas lluvias. Se ha demostrado que moradores de algunas zonas arrojan a la calle no solo basura sino también todo tipo de desperdicios. Así obstruyen las alcantarillas con pañales desechables, desechos, vasos y botellas plásticas, cartones, cáscaras, etc.

    Algunos habitantes con poco civismo, no cuidan la limpieza de las alcantarillas y sumideros de sus calles y barrios. No obstante de ello, suelen ser los primeros en reclamar atención porque las lluvias (incluso las leves) las inundan.

    Es preciso que la ciudadanía sepa que tiene derechos para reclamar atención del Municipio y autoridades, pero también tiene responsabilidades y deberes: cuidar y proteger su entorno y hábitat.

    Este tipo de situación se repite cada año y muestra que la ciudadanía no coopera ni asume compromisos para que las inundaciones no se produzcan, se resuelvan pronto o se atenúen.

    Por eso es deber cívico de todo ciudadano de la urbe, sobre todo de quienes residen en las zonas que se inundan por negligencia de sus habitantes, cambiar y corregir las malas conductas. La ciudad otorga deberes a sus habitantes. Este es uno de ellos.

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