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Dogmáticos y dialógicos

18 jul 2017 / 00:00

    La vida social, especialmente la que se crea en las comunidades políticas, debe sustentarse en el diálogo, pues solo así se puede proyectar a futuro. Es que por la acción comunicativa y dialógica sus diversos integrantes se vuelven sustentadores de la vida democrática. Por eso con razón se ha dicho que el uso de este constituye la única y efectiva forma civilizada de comprensión entre los humanos. Además, es un elemento constitutivo de relación ciudadana, ya que quienes hagan uso de él no solo garantizarán mejor y mayor cohesión social, sino que también harán uso de este instrumento de solución de las diferencias para que estas no devengan en conflictos y enfrentamientos.

    Pero en el otro extremo están aquellos que, aferrados a dogmas de distintas procedencias y características, siempre se niegan y resisten al diálogo como un efectivo y válido herramienta de acción comunicativa y de convivencia adecuada en la vida democrática del mundo moderno de hoy.

    De hecho, los políticos demócratas son dialógicos, en tanto que los dogmáticos no hacen de este un instrumento de vida ni un factor de convivencia pacífica de la existencia colectiva. Esto es lo que diferencia a los políticos abiertos al diálogo de los fundamentalistas e intransigentes, obstinados en la confrontación. Tal situación lo que crea son abismos y contradicciones, algunos absurdos e inútiles, entre integrantes de los diferentes partidos y organizaciones.

    Estos presupuestos son los principios que definen y orientan lo que es y debe ser la disposición y la práctica social de todo ciudadano. Especialmente de quienes dicen ser, pretenden o quieren ser políticos, en una sociedad plural y democrática, donde son normales los consensos y disensos. También esto nos dice que el dogmático, al no ser dialógico, no puede ser político porque en este campo, donde se expresan y actúan diversos, lo más pertinente es estar siempre dispuestos y en actitud permanente de diálogo.

    Es claro que quienes buscan ser aceptados y definirse como políticos, necesaria e ineludiblemente tienen que ser ciudadanos dispuestos a dialogar. Por esto en el mundo social de hoy la psicología política y la psicología social han establecido que una de las características del líder y dirigente democrático es el diálogo. En tanto que la del totalitario, por dogmático, es la de no dialogar.

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