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Corrupción, otra “drogadicción”

10 ene 2017 / 00:00

    En la vida cotidiana moderna, y particularmente del país y de Guayaquil, nos estamos acostumbrando a la circulación de noticias sobre drogadicción, narcotráfico, narcotraficantes y todo lo que ello implica, con sus efectos económicos, sociales, ideológicos, psicológicos, culturales, etc. Pero también hay otra peligrosa droga social que se ha instalado aquí y que va en ascenso: la corrupción.

    A pesar de que la drogadicción y el narcotráfico se refieren específica y concretamente al negocio de los estupefacientes, su consumo y sus resultados, el papa Francisco ha puesto en el tapete de la opinión pública mundial y su escenario una singular analogía: él considera que el avance y ascenso de la corrupción que se da en el mundo tiene similares efectos sociales a los que crean el uso y el comercio de drogas.

    Esta analogía lleva a pensar mucho porque las consecuencias de lo uno y de lo otro, finalmente, son devastadoras para la sociedad y la vida democrática de las naciones. El gobernante del Vaticano al hacer esta singular comparación coloca a los hechos de corrupción como generadores de efectos equivalentes a los que son producto de los estupefacientes y el narcotráfico.

    Ha sido claro al decir que la corrupción es una droga que produce efectos negativos y destructores en la vida de los pueblos. Con precisión señala que “algunos se comportan con la corrupción como con las drogas: piensan en poderlas usar y dejarlas cuando quieran... Se comienza con poco: una pequeña suma de aquí, un soborno allá... Y entre esta y aquella, lentamente se pierde la libertad”. Por eso en la sociedad crea “dependencia y genera pobreza, explotación, sufrimiento”.

    Asimismo, expresa que en contrario, cuando los políticos, gobernantes, dirigentes y ciudadanos son capaces de rechazarla es cuando “buscamos seguir la lógica evangélica de la integridad... de la transparencia; nos convertimos en artesanos de la justicia”.

    Es sugerente la comparación que hace el papa respecto a estos dos grandes males que afectan como flagelos a las distintas sociedades del mundo. Bueno es pensar en la intención que tiene respecto a la necesidad de atender y combatir los peligros que acarrea la drogadicción y también los hechos y procesos (abiertos y encubiertos) a través de los cuales circula y se expresa la corrupción.

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