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Continúa la incertidumbre

06 ene 2017 / 00:02

    Comenzó formalmente la campaña electoral. Pocos cambios se notan en relación a las etapas previas. El discurso sigue reiterando los temas que han marcado la identidad de los candidatos, cuando ello ha sido posible de establecer. Y es que predominan las generalizaciones, las promesas inexcusables. Ahora se enfatiza un poco más en fiscalizar. Los recientes escándalos derivados de las acusaciones de corrupción obligan a incluir el propósito en las agendas.

    Sin embargo, pese a las dudas que las recientes fallas de las encuestas, en ámbito mundial, han generado, cabe asumirlas para hacer notar que el entusiasmo no parece haber crecido. Los datos reflejan que un porcentaje superior al 40 % del electorado aún no ha decidido su voto.

    Pensando con el mejor ánimo, ello podría deberse a que los votantes saben de la importancia particular que conllevan los próximos sufragios. No es tan solo metáfora lo de que en ellos se juega el destino de la República.

    Por eso es de esperar que en los días que faltan hasta el 19 de febrero, los ciudadanos recuperen el entusiasmo propio del ejercicio de su derecho a elegir y que los aspirantes a representar los mayores anhelos populares evidencien en sus propuestas su pasión por servir los más altos intereses de la nación. Y si bien resulta respetable la serena exposición de los particulares puntos de vista respecto a los mecanismos de solución de las diversas crisis que afectan al Ecuador, hacerlo no puede ser una especie de fría cátedra magistral, donde la pasión no inspire y evidencie el patriotismo que la impulsa.

    En todo caso, ya se ha invertido la mitad del monto destinado a campaña por el fondo de promoción y entonces, con lo que resta, deben hacer los postulados un buen trabajo motivacional para intentar sacudir la evidente modorra cívica de un buen porcentaje de la población.

    Por lo demás, cuidado con convertir a las ciudades en un muestrario de propaganda. Respetar el derecho de las ciudades a preservar su ornato, no únicamente es obligación de la ley sino que también contribuye a preservar la imagen de los candidatos y los partidos o movimientos políticos que los auspician.

    Obviamente es deseable e imperativo, bajo todo punto de vista, mantener desterrada la violencia durante las múltiples actividades de campaña.

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