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Cómo triunfan las noticias falsas

14 mar 2017 / 00:02

En respuesta a la ola de noticias falsas que inundaron la campaña presidencial en Estados Unidos, se ha dedicado mucha atención a quienes producen o difunden esas historias. La suposición es que, si los medios de noticias fueran a informar solamente los “hechos”, los lectores y espectadores siempre llegarían a la conclusión correcta acerca de una historia determinada. Pero, así como necesitamos que las organizaciones de noticias proporcionen información confiable, también requerimos que aquellos que la reciben sean consumidores inteligentes. En las elecciones, la mayoría de los expertos aparentemente no “captaron” los millones de creencias o puntos de vista de los estadounidenses, por eso causa muy poca sorpresa que esos millones de estadounidenses sintieran desagrado por el incesante parloteo público de dichos expertos que estaban demasiado alejados de las fábricas, oficinas, bares, iglesias, escuelas y hospitales donde los espectadores conforman las relaciones que determinan cómo ellos procesan la información. La revolución digital no consideró superflua la importancia de la conexión humana en cuanto a dar forma a la interpretación y respuesta de las personas ante la información que reciben. Las relaciones se construyen sobre la base de la confianza, esencial para garantizar que los consumidores acepten información que desafía sus creencias más celosamente guardadas. Sin embargo, de acuerdo con Gallup, solo 32 % de los estadounidenses tiene una “gran cantidad” o una “cantidad considerable” de confianza en los medios de comunicación tradicionales (un nivel mínimo histórico). Esto sugiere que muchos ciudadanos están desechando la buena información junto con la mala. Probablemente tomará décadas reconstruir las relaciones de confianza entre consumidores y medios de comunicación tradicionales. Los consumidores de información siempre tendrán sesgos para seleccionar una pieza de información en lugar de otra. Aun así, podemos mejorar las habilidades de pensamiento crítico para que los ciudadanos sepan cómo seleccionar fuentes fidedignas y cómo resistir a sus propios sesgos. Cultivar las habilidades de pensamiento crítico requiere tiempo y práctica, por lo que es más importante que nunca invertir en educación. En Ucrania, una iniciativa de IREX movilizó a los bibliotecarios en un esfuerzo por neutralizar los efectos perjudiciales de la propaganda financiada por el Kremlin. Se enseñaron habilidades concretas a quince mil ucranianos para que ellos eviten la manipulación emocional, verifiquen las fuentes y credenciales, detecten contenidos pagados y discursos de odio, y desacrediten videos y fotos falsas. Los resultados fueron impresionantes. Con una inversión bastante modesta, podemos hacer que la enseñanza de estas habilidades sea una práctica estándar en los programas escolares. Los filántropos también pueden crear o apoyar a las organizaciones de base que trabajan con los ciudadanos para fortalecer su capacidad de consumir información de manera crítica. La información precisa y las habilidades de pensamiento crítico son indispensables para la democracia. No podemos subestimarlas y darlas por sentado, esa es la forma cómo triunfan las noticias falsas.

Project Syndicate

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