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Cómo pensar el ajuste

20 mar 2017 / 00:02

    Cualquier ajuste requerido en la economía ecuatoriana debe mirar hacia el sector público. ¿De qué magnitud debe ser el ajuste? La respuesta corta es que los gastos del sector público no financiero (SPNF) deben bajar del 42 % del PIB a una cifra no superior al 30 %. En términos absolutos esto implica, a valores actuales, una baja en el gasto del orden de $11.000 millones que, no por coincidencia, es la brecha de caja que el Gobierno debe suplir año tras año. Hoy lo hace extrayendo recursos ajenos: del Banco Central y del IESS, aparte de la emisión de bonos onerosos. Son “manotones de ahogado” no sustentables.

    La transición no puede ser muy lenta, y tampoco debe ser instantánea.

    Hay importantes economías realizables, por ejemplo, si se cambia la estructura de la política petrolera, se dosifican mejor las inversiones imprescindibles, y se pospone, indefinidamente, la exploración del Yasuní, que tiene una etiqueta de precio de $7.000 millones, sin viabilidad.

    La inversión de $20.000 millones en la generación eléctrica se la hizo sin el debido cuidado. La secuencia debió, y podría aún, ser planteada no para tener un elenco de ocho o más nuevos proyectos a la vez (que no se lo ha logrado en una década), sino reprogramar las inversiones de suerte que cada unidad productiva pueda entrar en línea y sustentar su propia economía.

    Yachay no justifica $2.000 millones pues el talento no se lo injerta, sino que se lo nutre a través de la institucionalidad educativa.

    La Refinería del Pacífico no puede seguir consumiendo recursos en la administración de algo que no existe. Las carreteras pueden ser concesionadas. Puede mejorar la eficiencia de costos en la provisión de los servicios de salud. Y no hay razón para dudar que el gasto de consumo (que representa hoy alrededor del 80 % del total) se lo puede, y debe, racionar, pues si a porcentajes nos referimos, cada dólar ahorrado en consumo superfluo es un dólar de vuelta en los bolsillos de los contribuyentes.

    El ajuste tiene tanto de ciencia y números como de arte y buena política. La concepción del mismo deberá por lo tanto producir un régimen tributario alternativo: moderno, eficiente, y amigable, cosa que el actual no lo es.

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