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Clarificar el panorama

14 feb 2018 / 00:00

    Una de las situaciones más negativas de la vida nacional, dado el impacto que tiene en todos sus ámbitos, es la permanente incertidumbre.

    Nadie sabe cómo van a desenvolverse la política, la economía, la convivencia social en definitiva. No el próximo año, ni siquiera la próxima semana.

    Los cínicos opinan que eso convierte al Ecuador en una república muy entretenida, no sometida al tedio de la rutina, como ocurre cuando es posible anticipar el porvenir, puesto que están preestablecidos los ejes fundamentales de, precisamente, la conducción económica, política y social.

    Por supuesto, y en razón de que es imposible establecer certezas sobre el futuro, es que resulta indispensable para la buena marcha de los países, el nuestro también, tener oportunamente definidos ciertos marcos referenciales que permitan navegar conservando el rumbo, sabiendo dónde está el norte.

    Ahora, luego de cumplir una jornada esclarecedora que por iniciativa del Gobierno (tomada de la propuesta de otros grupos políticos) ha definido importantes rumbos, no puede darse ese mismo gobierno, en razón de sus posturas ideológicas, el lujo inaceptable de mantener una visión ideologizada para la construcción del futuro inmediato, que lo prive del concurso de todos los ecuatorianos, al tiempo que, ambigüedad inaceptable, se los convoca a trabajar juntos en la superación de las diversas crisis.

    Cuando se proclama la necesidad de unidad, paz y trabajo, la unidad no puede construirse remarcando las fronteras, peor todavía cuando ni siquiera en el propio Gobierno están definidos sus límites y por ello es posible visibilizar la existencia de adoradores de la manera de entender, pletórica de despilfarro y corrupción, que dio lugar a la inaceptable situación actual.

    Corresponde entonces al Gobierno central contribuir a esclarecer el panorama otorgándole al Ecuador la posibilidad de construir un gran acuerdo nacional, inspirado en los resultados de la consulta y en las más visibles necesidades de la patria.

    En definitiva, el país empieza a clamar, exigiendo coherencia en la voluntad de lograr un imperativo consenso, que será imposible conseguir si se mantienen visiones cerradas y no se procede con la apertura mental, sin ataduras ideológicas, que se impone luego de un impúdico saqueo.

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