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América en dificultades

15 mar 2017 / 00:02

    No es grato reseñar lo negativo que sucede pero, reflejar la realidad tal cual se observa es una de las obligaciones de los medios de comunicación colectiva. Y dicha obligación se hace inexcusable cuando los fenómenos indeseables que se reseñan tienen ámbito continental, tal cual está ocurriendo en estos primeros meses del 2017.

    Así, en cuanto a corrupción, la ola Odebrecht ha bañado todas las playas de la Patria Grande y empapa a una intolerable proporción de sus dirigentes, al tiempo que evidencia otras lacras que le son anexas, como el lavado de dinero o el tráfico de influencias. Por supuesto, en algunos países permite también hacer visible la absoluta dependencia de otras funciones del Estado a la voluntad y conveniencia del Ejecutivo.

    Obviamente, y es lamentable poder destacar dicha obviedad, lo de Odebrecht no es el único referente continental de la corrupción. Los negocios alrededor de la producción y comercialización del petróleo y otros recursos minerales, marcan y manchan a múltiples administraciones públicas en connivencia con poderosos grupos empresariales multinacionales.

    La situación, que podría ocurrir en el marco de un pujante desarrollo, dada la magnitud de la riqueza y de las inversiones que conlleva, mantiene por el contrario, en condiciones de intolerable pobreza, a enormes sectores poblacionales y, con niveles insospechados de rápido enriquecimiento y consecuente despilfarro, a muchos de quienes los gobiernan.

    Ahora los nuevos ricos latinoamericanos disfrutan de aviones públicos y privados, y adquieren lujosas embarcaciones, mientras los pueblos que gobiernan se mueren, sin metáfora, por falta de atención médica adecuada o simplemente de hambre.

    Por increíble que parezca, países que eran considerados como portentosos graneros y le daban de comer al mundo, ven colmadas las calles de muchas de sus ciudades por ciudadanos reclamando pan.

    Mientras ello ocurre, cada día son más frecuentes las capturas de cargamentos de drogas estupefacientes, que en tránsito o para el consumo interno, en toda la región infestan las aduanas, los puertos o las urbes, con el consecuente séquito de criminalidad y muerte, que son el acompañamiento permanente de dicha actividad.

    Para agravar las cosas, también toda la región está azotada por las lluvias y por los incendios.

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