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Ajuste estatal

19 jun 2017 / 00:01

    Términos como la “reducción del tamaño del Estado” no pasan de ser pronunciamientos vacíos de contenido si no apuntan a objetivos concretos. Los ajustes no son temas conceptuales, sino operativos. Inflar el gasto es sencillo; la tarea gruesa radica en el denominado “desapalancamiento”, que, en materia financiera, es el equivalente a someterse a una dieta severa.

    Llegando al primer mes de la nueva administración, desconocemos los ecuatorianos lo que propone el Gobierno. Es una mala señal, pues da la impresión de que se quiere mantener el continuismo, a sabiendas de que el modelo está quebrado, y que se sentó sobre supuestos falsos e injuriosos contra la economía y el sentido común.

    No toma sofisticación matemática entender que un sector público que copa el 40 % o más de la economía es inviable, y que es el impulsor de una economía condenada a la recesión y al rompimiento del tejido social que une a sus componentes.

    Si el presupuesto que será presentado es en forma alguna similar a los que se han sucedido en los últimos años, sabremos que no hay ruta de progreso a la vista. El déficit fiscal que cuenta no es el que hay que financiar con deuda, sino el que está dado por la diferencia entre ingresos y egresos, antes de aplicar las mañoserías propias de subirle el precio referencial al petróleo, recurrir al Banco Central para que preste plata de terceros, acumular más cuentas impagas, o no llamar a las deudas por su nombre.

    Hay promesas a cumplir que carecen de fundamento económico. Si el gobernante quiere obsequiar 200.000 casas, debe decir, de una vez por todas, de dónde va a sacar los $5.000 millones, que es la factura del ofrecimiento. Si las otras 140.000 representan $3.000 millones de erogación adicional en un flujo de caja que no existe, es menester transparentar cuáles son los programas que, por similar monto, deberán recortarse.

    La economía no crece. No lo hará este año o el próximo, y si se sigue echando leña al fuego con indisciplina fiscal, se perderán el resto de las esperanzas.

    Es enorme la responsabilidad asumida. Por ello se requiere el descubrimiento total no de lo que se quiere hacer, sino de cómo se piensa estabilizar el Estado.

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