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Wagner y el nazismo

03 ene 2018 / 00:00

    No extraña en absoluto que los nazis lo tomaran como mito y como artista alemán de referencia. No es extraño que Hitler dijera: “Quien quiere entender la Alemania Nacional Socialista tiene que conocer a Wagner”. Hay tantas cosas aprovechables en Wagner para una ideología de ese tipo.

    Los valores que destilan de las obras de Wagner siempre destacan al héroe y el poder del más fuerte. Existen enemigos por todas partes y el mundo germánico representado por el oro, es expoliado y robado por los nibelungos, quienes, curiosamente, reúnen todas las características negativas que el tópico popular atribuía a los judíos. El héroe jamás siente compasión, porque actúa iluminado por la justicia y por la verdad absoluta. Por eso no tiene que justificarse, ni tiene que dar explicaciones de sus actos a nadie. El héroe tiene que cumplir la función que le han encargado los dioses, o quien sea. El héroe tiene que ser fuerte para vencer a los enemigos que encuentra por todas partes y que, naturalmente, son todos los que no piensan como él. El héroe sabe exactamente cuál es el camino recto por el que debe hacer andar a todo el mundo. Hay que seguir al líder ciegamente, sin cuestionar ninguna de las verdades que él da como absolutas. A Hitler, y a muchos políticos ególatras, estas ideas les encantan, porque sus valores son exactamente estos. Pero es justo expresar que los nazis interpretaron y adaptaron a Wagner a su conveniencia, igual que lo hicieron con Nietzsche, y que esta apropiación que hicieron de lo que pensaba Wagner ha perjudicado mucho al compositor, en ocasiones, de forma poco fundamentada. Por ejemplo, la cuestión del antisemitismo wagneriano. No es cierto que el antisemitismo que sentía Wagner fuera un antisemitismo hitleriano. Eso es falso. El antisemitismo de Wagner no era superior al que existía -y bastante extendido, por cierto- en la mayoría de la sociedad alemana, e incluso de la europea, de su época. Sin ese sentimiento generalizado no hubiera existido el Holocausto. Entre las barbaridades que los nazis cometieron y el pensamiento de Wagner hay distancias

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