sábado, 18 noviembre 2017
01:03
h. Última Actualización

Wagner: la paradoja

15 nov 2017 / 00:01

    W agner fue un revolucionario compositor; el más influyente de la última mitad del siglo XIX. Su música redefinió lo que era expresivamente posible en ópera e inclusive en música sinfónica. Asociamos este tipo de originalidad y poder artístico con alguien cuyo genio artístico se refleja en otros aspectos de su vida; alguien que en su humanidad irradia toda esa capacidad artística. No fue así con Wagner. Como ser humano fue detestable, arrogante y un insoportable egoísta. Harold Schonberg nos dice: “Había en el hombre, un grado de megalomanía que alcanzaba niveles de lunático y que elevaba el concepto del artista como héroe a un nivel sin precedentes... Como ser humano era de asustarse: amoral, egoísta, virulentamente racista, arrogante, lleno del evangelio del súper hombre y la superioridad de la raza germana. Sobresalía en todo lo que es desagradable en el carácter del ser humano”. Sus actitudes antisemitas y sus llamados a la pureza racial lindaban en la demencia. En uno de sus últimos escritos “Heroísmo y Cristiandad” Wagner argumenta que “...A pesar de que los Arios provienen de dioses, la gente inferior ha privado a los Arios de su Dios, particularmente los judíos, caníbales anteriores, educados para que sean los líderes comerciales de la sociedad. Cristo no era judío. Cristo era Ario.” Wagner demandaba de la sociedad una atención y un lujo sin precedentes.

    Schonberg apunta que: “Wagner en su interior se consideraba una clase de Dios enviado a la tierra por fuerzas misteriosas. Reunía discípulos alrededor suyo. Escribió “Sagradas Escrituras” tanto en palabras como en música. Creó un templo: un teatro en donde solo sus obras debían ser celebradas y él mismo venerado. Rechazó y maldijo a todos los que no aceptaban su divinidad”. El mismo Wagner expresó: “Yo no soy hecho como otras personas. Yo necesito brillantez, belleza y luz. El mundo me debe lo que yo necesito... no puedo vivir de la miserable limosna de sueldo de organista como su maestro Bach”. He aquí la paradoja: por un lado el genio y por otro lado el hombre mezquino, egoísta, racista, etc.

    TE RECOMENDAMOS
    A LA CARTA