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Un vistazo al futuro

12 feb 2018 / 00:00

    La historia de la humanidad está llena de profecías y predicciones, unas cuantas certeras y otras erradas o inadmisibles. Con la modernidad y la tecnología, se abandonó lo mágico y sobrenatural que las rodeaba y apareció la encuesta, de la que hoy se alimentan innumerables jefes de Estado y millares de actores políticos del mundo entero.

    Con el resultado de la consulta, el país descansará de Correa y se librará de sus abnegados seguidores, algunos de los cuales, sin embargo, continúan ocupando puestos claves de la administración de Moreno. Solo una burda interpretación del resultado electoral pudo conducir a afirmar que la derrota correísta constituía una victoria. El cúmulo de negatividades que identifican hoy al correísmo fue decisorio, aunque Correa y sus servidores no lo reconocen tras una década de desgañitarse arguyendo que “eran más, muchísimos más” y por ello su remedo revolucionario debía proseguir. El pueblo les ha dicho ¡basta! y su reprobación no se detiene allí: según encuestas paralelas, la ciudadanía no se siente satisfecha con la derrota infligida al correísmo y predicen una más: si Correa aspirara hoy a la Alcaldía de Guayaquil, Cynthia Viteri lo vencería con el doble de votos, condenándolo a su fuga final del escenario político ecuatoriano. El repudio se habría incrementado por la conciencia extendida de haber presidido “el gobierno más corrupto de nuestra historia” y, puntualmente, por sus recientes declaraciones sobre el atentado en San Lorenzo, con las que habría mostrado su proverbial fanfarronería llevado por su ingobernable lengua o un grave y sugestivo conocimiento del terrorismo genocida que se iba perpetrar, corriendo el riesgo de ser considerado cómplice de ese hecho delictuoso.

    El futuro inmediato de Correa es insólito: incursionará en el periodismo. Su enorme megalomanía, sus odios y rencores personales y su sectarismo ideológico garantizan que corromperá tan noble práctica. La prensa “corrupta”, a la que tanto ha injuriado Correa, debe aprestarse a evaluar seriamente a su nuevo integrante. Debemos contar también con su histrionismo en búsqueda de una victimización que mañana le deje réditos electorales; pero diez años de correísmo sobraron y bastaron para forjar la nueva conciencia nacional. Sería aconsejable que se refugie en su casa belga y absorba con estoicismo el olvido de una nación a la que lastimó. Su mesianismo se extinguió, sus predicciones fueron falsas y perversas, puestas al servicio de una revolución forjada para enriquecer a unos cuantos. Nunca más volverán a “ser más, muchísimos más”. El país no necesitará de él ni de ellos ni ellas. La voluntad popular, expresada pintorescamente con huevos, gritos y tomates, y finalmente en las urnas, dictó una sentencia histórica que redimirá a la democracia. Los futuros personales de Moreno y Correa han tomado direcciones opuestas: Correa será un conspirador que buscará derrocar a Moreno valiéndose de sus reiteradas acusaciones de traición y manteniendo en la administración de Moreno una quinta columna que siga con sus yerros, su mediocridad y su ignorancia de la gestión pública. Dependerá de la sagacidad o miopía de Moreno su afianzamiento en la presidencia, culminando exitosamente el proceso de saneamiento que reclama el país para redimir su democracia.

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