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Ultranacionalismo presidencial

29 ene 2017 / 00:02

    Hasta los años cincuenta, 50 % de los obreros trabajaban en el sector industrial de Estados Unidos; era la fábrica del mundo, como hoy China. En las universidades se estudiaba la nueva etapa posindustrial estadounidense; la economía debía dirigirse al sector servicios, capaz de generar la misma riqueza que el manufacturero. Simultáneamente, las multinacionales invadieron Europa, mercado que surgía de los escombros de la II Guerra Mundial. Ellas comenzaron a comprar numerosas corporaciones del sector industrial. La absorción tomó por sorpresa y El desafío americano, de Jean-Jacques Servan-Schreiber se convirtió en un libro de espíritu nacionalista que apeló a los europeos a tener los mismos estándares en educación universitaria, ingeniería y capacidad gerencial, que los estadounidenses. Cuando Asia comenzó a salir de la pobreza las multinacionales también coparon ese continente. A fines del siglo pasado, 50 % de las ventas de las más importantes corporaciones venía de subsidiarias en todos los continentes. En medio siglo se había desindustrializado el país. Obreros que ganaban tres veces o más del salario mínimo quedaron sin trabajo. Paralelamente crecía el sector servicios. Nacían empresas de comida rápida: McDonald’s, Burger King, Domino’s Pizza, etcétera; abrieron decenas de miles de locales a lo largo y ancho de EE. UU. Había más de 2.000 franquicias disponibles, clasificadas en una veintena de categorías. En ellas, la mayoría de los empleados ganaban el salario mínimo, excepto en empresas como Fedex y DHL, y las vinculadas a sistemas, información y comunicación. La renta promedio anual que tuvo espectacular aumento hasta los años sesenta, a partir de los setenta se desaceleró dramáticamente. Ahora el sector servicios es 63 % del PIB y 33 % el industrial. Al iniciar el siglo XXI, los estudiosos se dieron cuenta de que EE. UU. estaba perdiendo poder en el mundo y gradualmente surgió un espíritu nacionalista encaminado a recuperar la grandeza y respeto de esa nación; alguien debía liderar la transformación. Donald Trump supo explotar ese sentimiento de nostalgia de mejores tiempos. Continuará.

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