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The Post

23 feb 2018 / 00:01

    Steven Spielberg, Meryl Streep y Tom Hanks. Iba a estar nominada. No había de otra. Más allá de los nombres. Más allá de las actuaciones y de la producción, hay otra razón: el contexto. No es coincidencia que una producción sobre la prensa como el sujeto controlador del poder se estrene ahora. The Post no es una “novela histórica”, es una repuesta. Así como acá conocimos la muletilla “prensa corrupta”, allá la terminología “fake news” está al servicio del día. Como era de esperarse, las líneas editoriales críticas con la gestión del gobierno actual han terminado en desprestigio por la Casa Blanca. Críticas que, de contar con una ley de comunicación ecuatoriana, probablemente hubiesen dejado de ser solo palabras. De ahí el retomar la persecución por una de las presidencias más deshonestas en los Estados Unidos de América: Nixon. De más está decir que la comparación con Trump (por similitud de personalidades y postura ideológica) en el imaginario estadounidense es inmediata. Puedo ver claramente los objetivos de esta producción: en primer lugar, la importancia del periodismo investigativo. Que hoy se encuentra desprestigiado. Que vendidos. Que partidistas. Que mercantilistas. En segundo lugar, destacar la importancia del imperio de la ley y el contrapeso de poderes. Queda claro que la diferencia de Nixon y Chávez sobre postura ante la prensa libre era que a uno había cómo detenerlo. Y finalmente, un pequeño recordatorio de que las amenazas para callar la voz periodística son reales; ni exageradas ni de ciencia ficción. Más allá de la oda a la primera enmienda, resulta necesario un debate serio sobre filtración y divulgación de información confidencial (razón por la que condenamos hoy a Assange). Y hay un último punto que vale la pena destacar: las presiones a las que está sometida esta profesión. Las amistades políticas, las necesidades financieras. Evitando la ingenuidad, la única pregunta importante al final del día es dónde está su lealtad y cuánto están dispuestos a sacrificar por ella. Tal vez debí empezar este artículo advirtiendo la cantidad de “spoilers”, pero siendo ecuatorianos, creo que, para nosotros, no había.

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