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Strauss y sus óperas

17 ene 2018 / 00:00

    La obra de Strauss puede dividirse en tres períodos. Al tercer período (comprendido entre 1904 y 1949) pertenecen sus óperas, consideradas entre las más importantes del siglo XX.

    Pero es en el año 1905 cuando halla en Salomé su propio molde y no precisamente por el éxito.

    Esta versión alemana del libro de Oscar Wilde no era una cuestión sencilla de procesar.

    Sin embargo, para Strauss no fue una casualidad, sino una causalidad reflejada por una carta a Romain Rolland, de 1907, en donde confiesa que siempre había querido escribir para el teatro y que hasta ese momento, los poemas sinfónicos solo habían sido “un pobre sustituto”.

    Menos lo fue Elektra, y bruscamente un giro de 180 grados: El caballero de la rosa.

    ¿Algo de contacto con las anteriores...? ¡En absoluto!

    Esta época de transición da origen a su asociación con el austriaco Hugo von Hofmannsthal, autor de los libretos de seis de sus óperas, empezando con Elektra en 1909 y terminando con Arabella en 1933.

    Entre 1911 y 1933 funciona la fábrica a la perfección: Ariadna en Naxos (Ariadne auf Naxos, 1912, revisada en 1916), La mujer sin sombra (Die Frau ohne Schatten, 1919), Helena la egipcia (Die agyptische Hellena, 1928) y Arabella (1933) arrancaban sucesos y le acumulaban fortuna.

    A la muerte de Hofmannsthal, Strauss siguió escribiendo óperas con otros libretistas, aunque con menor éxito; entre ellas pueden citarse La mujer silenciosa (1935), Daphne (1938) y Capriccio (1942).

    Strauss también compuso más de 100 canciones.

    Se puede concluir que las tres grandes óperas de Strauss son: Salomé (1905), Elektra (1908), Der Rosenkavalier 1911).

    Estas tres son las obras que lo hicieron famoso y rico, y continúan en el repertorio operático hasta nuestros días.

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