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Sobre la consulta

26 ene 2018 / 00:00

    La consulta popular no puede ser más simple. Ni más confusa. El objetivo es uno: dotar a Lenín de legitimidad. Los correístas y la oposición parece que tienen un punto en común. Lo aprovechado, sabido, cínico. Estos adjetivos fácilmente pueden ser de autoría de un bando o del otro. Llegó al gobierno abanderando el continuismo. Si busca ser el cambio, necesita el respaldo. ¿Pero qué cambio? Es la pregunta que todos nos queremos hacer. Después de todo, en política exterior y economía, el alumno ha superado al maestro. Advertencia: el barniz de mi siguiente análisis es optimismo. Espero que cualquier medida económica agresiva y opuesta a la década ganada, ocurra posterior a la consulta. Cuando ya no hay votos que ganar. Cuando los correístas no puedan usar la muletilla del neoliberalismo, ni presentarlo como asaltador del pueblo. Apenas mencionó el TLC con EE.UU., y ya es un vendepatria. Me imagino que ni Lenín ni sus asesores buscaron darles de comer. Ahora el panorama se complica. Hay la posibilidad de que la venida de Rafael Correa haya sido la peor jugada en su carrera política. Parto del siguiente hecho: sin él a la cabeza, el “no” estuviese perdido. Fieles a nuestra identidad, el “no” necesitaba un líder. El regreso del caudillo. Pero con su venida dejó algo claro: es Lenín vs. él. Por lo tanto, si no obtiene un porcentaje decente en los resultados, solo le quedará su ático. No resultará fácil que el sí arrase (preguntas 2 y 3), por el contrario. La cantidad de confusión comunicacional es abrumadora. (i) ¿Hasta qué punto es efectivo que opositores políticos realicen campaña por el sí? Entiendo que aporten con sus bases, pero su participación acentúa el mensaje de retorno al antiguo país; (ii) Si bien es una victoria haberse quedado con el nombre de AP, aún queda por determinar si el electorado entendió que votar por AP es contrario a Correa; y (iii) Los voceros escogidos por Moreno generan indignación; no con el pasado, sino con el presente: su arrepentimiento de excorreístas ni para confesionario. Si a pesar de esto, si el sí es contundente, tendríamos un político menos por el cual preocuparnos. Y uno nuevo que empezar a vigilar.

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