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Siria: una bomba de tiempo

28 feb 2018 / 00:02

El conflicto en Siria tiene mucho en común con la Guerra de los Treinta Años, que devastó el corazón de Europa (en particular, la ciudad alemana de Magdeburgo, la Alepo de aquel tiempo) entre 1618 y 1648. Vista a distancia, fue una sucesión de conflictos que causaron sufrimiento incalculable a la población europea y que solo terminó (con la Paz de Westfalia) cuando todas las partes involucradas quedaron totalmente exhaustas. Nominalmente, fue un conflicto religioso entre cristianos católicos y protestantes, igual que en Medio Oriente actual entre musulmanes sunitas y shiitas. Pero lo mismo que hoy, la religión enmascaró una lucha más profunda por el poder y dominio regional. La guerra siria comenzó durante la Primavera Árabe, luego de que manifestantes sirios demandaron democracia y el fin de la dictadura del presidente Bashar al-Asad. Pronto se convirtió en un asunto internacional. Irán e Hizbulah (la milicia shiita libanesa a la que da apoyo), junto con Rusia, intervinieron militarmente y evitaron que Asad cayera ante las fuerzas rebeldes, respaldadas por Turquía y Arabia Saudita, que representan el lado sunita del conflicto. En tanto, a la guerra se había sumado una campaña liderada por EE. UU. contra Estado Islámico (ISIS). Tras la derrota de ISIS el año pasado, enseguida estalló otro conflicto: entre Turquía y los kurdos del norte de Siria. Ahora los combatientes kurdos de las YPG (Unidades de Protección del Pueblo), aliados de EE. UU., que fueron esenciales en la lucha contra ISIS, están siendo atacados por Turquía, lo que genera la posibilidad de una confrontación militar directa entre dos aliados de la OTAN. A esto hay que añadir el riesgo creciente de confrontación entre EE. UU. y Rusia. El conflicto gira en torno de la hegemonía en Medio Oriente. La lucha también enfrenta al Irán shiita contra la Arabia Saudita sunita, que se ha acercado cada vez más a Israel, otro aliado de EE. UU. A Turquía, por su parte, la mueve más que nada el temor a la creación de un Estado kurdo en el norte de Siria, que podría alentar a grupos separatistas kurdos en el sudeste turco. Israel, la superpotencia militar de la región tuvo que intervenir desde el aire para impedir envíos de armas a Hizbulah y evitar que Irán sentara una presencia en los alrededores de la frontera norte israelí. Quedó claro que Israel no podía confiar en la relación presuntamente especial entre el presidente ruso Vladimir Putin y su primer ministro, Benjamín Netanyahu, y se ha vuelto participante activo en Siria. Es precisamente en este frente donde puede desatarse otra guerra, entre Irán e Israel; este último no puede permanecer fuera del conflicto mientras el régimen de Asad, Rusia, Irán e Hizbulah obtienen una victoria militar. La situación actual es una amenaza fundamental para su seguridad y fortalece enormemente a su enemigo, Irán. Una guerra entre ambos (con Arabia Saudita en papel secundario) afectaría directamente a Europa, enviando más refugiados hacia el norte; y la posibilidad de que el presidente estadounidense Donald Trump sabotee el acuerdo sobre el programa nuclear iraní expone a Europa al riesgo de que se desarrolle una peligrosa carrera armamentista no muy lejos de sus fronteras. Ahora, más que nunca, es la hora de la diplomacia europea. Otra gran guerra se cierne sobre Medio Oriente; los líderes europeos deben actuar.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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