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Semana movidita para Trump

16 feb 2018 / 00:00

A estas alturas uno casi podría sentir pena por Donald Trump. Lo que va de febrero ha sido cruel con el presidente de EE. UU. Durante toda la primera semana del mes, la Casa Blanca enfrentó más problemas de los que acaecen a la mayoría de las presidencias en un par de meses, o más. El índice Dow Jones tuvo dos caídas de 1.000 puntos que borraron todas las ganancias acumuladas por el período alcista desde principios del año. Nadie sabía cuándo volverían a estabilizarse los mercados o si las tan publicitadas rebajas impositivas de Trump (entre otras medidas) estarían alimentando temores de sobrecalentamiento económico y subidas de intereses. Además, Trump se atribuyó una y otra vez el mérito por la subida de la bolsa, pero olvidó que todo lo que sube tiene que bajar. Asimismo, el Congreso aprobó un acuerdo presupuestario bienal. En circunstancias normales, un acuerdo bipartidario de largo alcance sería buena noticia, pero se calcula que este provocará un asombroso déficit anual de un billón de dólares. El Partido Republicano, que siempre dijo ser el de la responsabilidad fiscal, renunció a esa identidad. Durante su presidencia, Bush hijo dijo que había que devolver el superávit a la gente. Desde entonces, subir impuestos es mala palabra para los republicanos, y con el tiempo, la mayoría de las rebajas impositivas “temporales” de Bush se hicieron permanentes. Casi todos coinciden en que la promesa de Trump de volver a bajar impuestos es una de las principales razones del apoyo de los líderes republicanos en el Congreso (y sobre todo, los grandes donantes del partido) en 2016 y después. Pero otra razón es el temor de los congresistas a la “base” de Trump, que aunque tal vez no represente más de un tercio del electorado, es muy fuerte en los distritos legislativos republicanos, y podría respaldar a un contendiente más derechista en la primaria del partido. Los republicanos dijeron que la reforma impositiva es para la clase media, pero beneficia sobre todo a los ricos y a las empresas. Trump y sus aliados defendieron insistentemente las rebajas, diseñadas para que la ayuda a los contribuyentes se concentre al principio, antes de las elecciones intermedias de 2018 en las que estarán en juego toda la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y muchas gobernaciones y legislaturas de los estados. Los republicanos tienen pánico de perder al mismo tiempo la Cámara y el Senado, aunque lo segundo es menos probable. Por si todo esto no fuera bastante, de pronto se dio una oleada de acusaciones de maltrato doméstico. Dos exesposas del poco conocido Rob Porter (un funcionario cuyo trabajo es manejar el flujo de documentos que llegan al presidente) lo acusaron ante el FBI de tratarlas con violencia física y emocional durante sus (breves) matrimonios. La historia se complicó más cuando se supo que el jefe de gabinete de Trump (John Kelly) y un asesor de la Casa Blanca (Don McGahn) ya sabían de la situación hace tiempo y no tomaron medidas para evitar que Porter manejara información altamente clasificada. Así, un escándalo de maltrato matrimonial se transformó en otro por posibles fallas de seguridad. Como broche de una semana bien cargada, empezó otra controversia al Trump solidarizarse con Porter y sugerir que las mujeres que hacen esas denuncias no siempre son dignas de crédito.

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