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Seis años de guerra

19 mar 2017 / 00:02

    Cuando la Primavera Árabe eclosionaba, exigiendo -a través de las redes sociales- democracia y modernidad, en la ciudad de Deraa, en el centro de Siria, 15 colegiales pintaron un grafiti que decía: “Te llegó tu turno, doctor”, por el cual fueron arrestados y torturados. Pero ello produjo la primera concentración que después se transformó en un levantamiento popular que se propagó al resto del país; era el 15 de marzo de 2011.

    El doctor es Bashar al-Asad, oftalmólogo de profesión y presidente de una dictadura dinástica desde 2000, pero que detenta el poder desde hace 40 años con su padre, Hafez al-Asad, pertenecientes a un clan alauita. Además, Siria está dividida entre la mayoría sunita alejada del poder y los chiítas que están en el Gobierno.

    Las manifestaciones fueron reprimidas de manera sangrienta por la represión oficial, basadas en el estado de urgencia vigente desde 1963 y en las redes de los aparatos de seguridad. En junio del 2011 se produjo la militarización del conflicto contra la insurrección popular. Se inició la lucha armada y empezaron los atentados; también se dio la división de las FF. AA, de soldados que no querían asesinar a su pueblo. La oposición al Gobierno se organizó alrededor del Consejo Nacional Sirio, en octubre del 2011.

    La importancia geopolítica de Siria en el Medio Oriente hizo que se entretejan las alianzas más impensables, como la de Rusia y China con Irán, Irak, Hizbulah-Líbano y ahora Turquía, apoyando a Al-Asad; y, sosteniendo a la resistencia siria EE. UU, UE, Arabia Saudita, Qatar, entre otros países. Rememora paradójicamente a la Guerra Fría. En 2013 la guerra era total.

    El empantanamiento de la guerra permitió también el posicionamiento de los grupos yihadistas, tanto del Frente Al Nostra, rama de Al Qaeda, como del Estado Islámico (EI). Los crímenes de este último desencadenaron la internacionalización del conflicto, en 2014 y permeabilizaron las alianzas.

    Finalmente, las estadísticas de esta guerra son una ofensa a los derechos universales y desdicen de la condición humana.

    colaboradores@granasa.com.ec

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