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Se desmorona Europa

17 feb 2017 / 00:02

La Unión Europea, por sus divisiones y tensiones, podría perder la paz, prosperidad y libertad de movimiento que han constituido sus señas de identidad, así como su amplitud de miras y objetivos comunes. ¿Seremos los europeos capaces de unirnos a tiempo para preservar nuestros valores? Por encima de nuestras fronteras, nos definen esos valores. Sin perjuicio de una pragmática colaboración, no tiene sentido abandonarlos, sobre todo para congraciarnos con alguien (el presidente Trump y su hostilidad rotunda hacia el proyecto común del Viejo Continente) cuyas actuaciones hasta la fecha no lo hacen digno de nuestra confianza. Tampoco tiene sentido la búsqueda de un salvador alternativo como China; única potencia quizás comparable a EE. UU. en términos económicos, aunque ahora más de uno se deje seducir por los cantos de su presidente Xi Jinping en favor de la globalización. Desconfiemos de falsos mesías. La visión global que China promueve se centra casi exclusivamente en las relaciones económicas -precisamente la perspectiva roma que condujo al orden internacional liberal hacia el desorden-. La idea de un propósito común, y no simplemente el buen funcionamiento de los mercados, es lo que mantiene unida a la humanidad. De no ser así, el mercado interior de la UE habría bastado para protegerla de la amenaza existencial que ahora la atenaza. La única opción viable para la UE pasa por la reafirmación y la confianza en su proyecto. Y para dar respuesta a la vacilante postura actual de EE.UU. hacia sus aliados y los valores compartidos, tiene que fortalecer su proyección internacional. Para ello, siendo prácticos, la UE debe empezar por impulsar las negociaciones comerciales con Japón, pactar un acuerdo sobre inversiones con China, modernizar su Acuerdo Global con México y erigirse en líder mundial en materia de reforma fiscal. Además, debe hacerse más responsable de su sistema de defensa, no solo mediante el aumento presupuestario de esta partida, sino también por su contribución a una cooperación continental que haga uso más eficiente de recursos y capacidades. En lo migratorio, Europa debe elaborar una política inspirada tanto en sus valores como en sus intereses económicos y de seguridad; es decir, distinguir entre migrantes económicos y refugiados, reforzar el control de fronteras e impulsar la cooperación con terceros países. Y, sin abandonar el pragmatismo, las acciones de la UE deben integrar los valores que han sido motor de su recuperación, crecimiento y prosperidad durante más de siete décadas: amplitud de miras, derechos humanos y Estado de derecho. La reciente llamada del presidente de Francia, François Hollande, y de la canciller alemana, Ángela Merkel, a “un compromiso claro y compartido” por parte de la UE es un buen punto de partida. Pero de las palabras tenemos que pasar a la acción. Las elecciones generales en los próximos nueve meses -al menos en Países Bajos, Francia y Alemania- no pondrán las cosas fáciles, máxime si un candidato extremista logra una inesperada victoria en alguno de estos países. Pero si, como es de esperar, el centro político de Europa se mantiene firme, la UE estará en condiciones de hacer frente a estas fuerzas externas crecientemente hostiles y avanzar en su proyecto con determinación.

Project Syndicate

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