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Rey o presidente

17 feb 2017 / 00:02

    Cuando Donald Trump fue elegido presidente, gran parte de la población mundial agradeció la separación y los contrapesos del poder en el sistema estadounidense. Entendíamos que la democracia de los EE. UU. evitaría que la voluntad de Trump se convirtiera en ley. Aunque es muy temprano para afirmar si esta hipótesis será cierta o no (considerando que no ha pasado más de un mes), ya hay indicios que nos dan luces de cómo podría ser el resto de la administración. Lo más probable es que sea atropellada. Tomemos dos eventos como ejemplo. Trump nominó a Andrew Puzder como secretario (ministro) de Trabajo. Puzder es recordado en la opinión pública básicamente por una afirmación: “Me gustaría reemplazar a mis empleados con máquinas, porque nunca toman vacaciones y nunca llegan tarde”. Su posición y su crítica ante el salario mínimo no lo hace el hombre más querido en los sindicatos de trabajadores (grupo de presión fuerte que puede movilizar el voto según su influencia en cada estado). Con este perfil, era evidente que Trump lo postularía para ese cargo. Pero, ante su impopularidad, el Senado decidió no apoyar su nominación. Puzder no tuvo más opción que retirarse. Aunque de este precedente no se puede afirmar que los legisladores serán independientes ante la voluntad del presidente, sí es suficiente para entender que los mecanismos existen y que si los intereses de los legisladores son mayores, asimismo existe el “alto al Ejecutivo”. La justicia no se queda atrás. La ilegalidad al “travel ban” de Trump nos demuestra que en una República, la presidencia no es un cheque en blanco. No sabemos qué va a ocurrir, no sabemos si el símbolo de Trump, el contexto nacional o sus maniobras políticas, logren cambiar esta dinámica. Lo que sí sabemos es que el 8 de noviembre se elegía a un presidente, no a un rey. ¿Es ese nuestro caso? ¿Contamos con un modelo que nos dé esa tranquilidad? Si la respuesta es no, elegiré a quien crea que, aún dándole el “poder real” actuará como presidente, y encaminará el país al cambio, de tal manera que en las próximas elecciones elija a un presidente y no a un rey.

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