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Responsabilidad compartida

02 feb 2018 / 00:01

    Uno de los principales problemas que enfrenta Latinoamérica es una preocupante tolerancia ciudadana a la corrupción y una falta de memoria histórica de las realidades que ha vivido. Esta situación se ve reflejada en la pregunta realizada en un encuentro con el pueblo peruano en la reciente visita del papa Francisco, en la cual increpó: “¿Qué le pasa a Perú que cada vez que sale un presidente lo meten preso?”. Este cuestionamiento hecho a la política peruana refleja la grave crisis latinoamericana y envuelve una preocupante realidad que nos afecta a todos quienes estamos en la región.

    La interrogante le devuelve la responsabilidad al pueblo, que enfrenta una decisión al momento de votar y que no alcanza a comprender, muchas veces, lo que significa elegir un representante para que legisle a su nombre, administre el Estado, su ciudad o una provincia, y en ciertas ocasiones, notar el alcance de una consulta popular como a la que se enfrentará el Ecuador este domingo, por ejemplo.

    Todos tenemos una responsabilidad al momento de elegir. Lo que decidamos marca de alguna manera la ruta que tomará el país en los siguientes años. El poder lo otorga el pueblo, al decidir a quién respalda y a quién no con su voto, y es precisamente esa la realidad de la consulta de este domingo, que conlleva implícitamente el respaldo a una u otra forma de gobierno.

    Sin embargo, la responsabilidad es compartida. Los gobernantes parecen haber olvidado que no basta una estructura normativa perfecta o una brillante Constitución, sino que se necesita la firme decisión de actuar en forma correcta, así como una comprensión por parte de los órganos que representan alguna clase de poder, de la obligación de realizar sus funciones lejos de la presión o influencia de los gobernantes de turno.

    Luego de semanas de campaña política, de noticias polémicas, de explicaciones y cuestionamientos acerca del alcance de las preguntas, es importante recordar esta responsabilidad compartida: la del pueblo, de elegir correctamente, y la del gobernante, de ejecutar con transparencia y responsabilidad su encargo.

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