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Recortando el gasto público

16 jul 2017 / 00:01

    ¿Cómo bajar el gasto público? Para algunos la mención del tema produce una verdadera angustia existencial. Los más duchos en teorías políticas aseguran que Correa le deja puesta la trampa a Moreno para que este último, luego de pactar con la oposición, proceda con el consabido “paquetazo”, con lo cual agotará el escaso capital político que le pertenece.

    Se producirá entonces la sucesión y asumiría uno de los lugartenientes de RC para resguardar el fuerte y, con experta manipulación, elevar el clamor para que el Führer, cual “redentor” del siglo XXI, regrese a salvar la patria.

    ¿Es que acaso el desmantelamiento del Estado correísta debe ser causa de una conmoción? Quienes así lo sostienen, creen en la bondad del gasto público. El empleo, argumentan, se verá afectado; el gasto social deberá ser recortado; las transferencias deberán ser limitadas; y todo ello tendrá un alto costo social.

    No es así.

    Examinemos el gasto corriente en la década RC.

    Los intereses, sueldos, compras y prestaciones de la seguridad social son clasificaciones convencionales de expensas (aun cuando hay serias reservas respecto del rubro compras, en el que se gastaron, en promedio, más de $3.200 millones anuales en los diez años transcurridos contra $931 millones entre 2000 y 2006).

    Lo que no es convencional, es el rubro “Otros”.

    El rubro “otros o misceláneos” no debe llegar al 5 % del total, pero los gastos discrecionales son un verdadero “cajón de sastre”. En el correato, el gasto en Otros suma casi $70.000 millones, y representa una cuarta parte del gasto total. Es el segundo rubro por volumen del gasto corriente (luego de sueldos y salarios). La discrecionalidad es tal que el gasto en Otros duplica porcentualmente (respecto del gasto total o corriente) al que se dio entre 2000 y 2006.

    Hay una gruesa capa de grasa que hay que cortar.

    El Banco Central no dice qué mismo hay bajo el rubro Otros, pero sí es posible deducir que se gastaron en exceso de $7.000 millones anuales para comprar aviones, la dotación de vehículos, teléfonos, pasajes de avión, satélites ignotos, los tonton macoutes (pistoleros) que ahora se van a vivir a Bélgica, las sabatinas, los sánduches y buses, consultores, publicidad, las casas en Cuba, la defensa de causas impresentables, las sentencias contrarias y las que se compraron, los contratos del giro del negocio, y todo cuanto pueda entrar en los diseños de los abusadores en serie del poder.

    Cortar el tejido adiposo solo le producirá conmoción social a ciertos contratistas; a los comisionistas; a las bailarinas, músicos y payasos que actúan en los eventos de rendición de cuentas; a las agencias de publicidad y a las de viajes; y a las tiendas de prendas de lujo que hoy exhiben las nuevas damas de pasarela.

    Si el gasto neto en la compra de combustibles (precio de compra vs. ingresos por ventas) fue de $2.000 millones mensuales, y se entregaron $1.000 millones en transferencias corrientes para los municipios y consejos provinciales, el botín de $4.000 millones anuales, debe ser liquidado de un solo tajo, y empezar a restaurar la salud fiscal.

    Mejor será que no propongan nuevos impuestos.

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