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¿Qué mueve las protestas en Irán?

12 ene 2018 / 00:01

El repentino brote de agitación civil que se extendió por varias ciudades de Irán desde fines de diciembre tomó a casi todos por sorpresa, incluidos el gobierno reformista del presidente Hassan Rouhani, muchos ciudadanos y los observadores. Las protestas comenzaron en Mashhad (importante ciudad religiosa al noreste del país, bastión de los enemigos conservadores de Rouhani) y no tardaron en contagiarse a numerosas ciudades más pequeñas, con una velocidad e intensidad que pocos hubieran podido predecir. Al principio eran por el aumento del costo de vida y las crecientes disparidades económicas y sociales, pero pronto se transformaron en un rechazo al régimen; y aunque el descontento apuntó más que nada al aparato religioso comandado por el líder supremo iraní (el ayatolá Ali Khamenei), los reformistas tienen tanto en juego como sus rivales conservadores, y no están acostumbrados a ser blanco del malestar popular. Es frecuente que en las elecciones presidenciales canalicen el descontento popular hacia la esperanza de un futuro mejor. Pero ese papel histórico choca de frente con la responsabilidad que tienen ahora de restaurar la ley y el orden en las áreas urbanas de Irán. Rouhani fue reelegido para un segundo mandato hace apenas siete meses, con una contundente mayoría del 57 % de los votos en una elección con amplia participación. Los últimos acontecimientos parecen señal de que muchos iraníes jóvenes dudan de que pueda traer más prosperidad y un régimen islamista más moderado que el que ofrecen sus rivales conservadores. Tal vez el mayor riesgo de la oleada de agitación tenga que ver con los planes de reforma económica de Rouhani. Las protestas estallaron a pesar de dos años de modesta mejora de la economía. Según el FMI, el PIB iraní está creciendo a un ritmo anual de poco más de 4 %, con señales alentadoras de que tras el fin de las sanciones, el crecimiento se está extendiendo a los sectores no petroleros. Pero la inflación sigue siendo alta, alrededor del 10 %, aunque es una gran mejora respecto de los altos niveles de la época de las sanciones. La principal decepción parece ser que el crecimiento no logró hacer mella en los asombrosos niveles de desempleo en Irán. La tasa total se mantiene cerca del 13 %, y el desempleo juvenil (que las estadísticas oficiales sitúan en 29 %, pero que probablemente es más cercano al 40 %) es uno de los más altos del mundo. Se prevé que solo el año entrante ingresarán al mercado laboral unas 840.000 personas, así que estabilizar el desempleo en el corto plazo será tarea difícil. Y con más del 40 % de la población con edades de entre 15 y 34 años, tampoco será fácil sumar empleos suficientes a más largo plazo. Así, las recientes protestas perjudican a los reformistas iraníes al debilitar el monopolio que tienen sobre la esperanza y generar un conflicto entre las políticas neoliberales del Gobierno (para resolver los problemas económicos) y el objetivo de afianzar el apoyo popular. También hay riesgo de que pierdan terreno político ante los rivales conservadores. Al anhelo de empoderamiento económico de muchos iraníes se contrapone el temor de muchos más a que el país caiga en la anarquía y el caos. Hasta ahora la clase media iraní ejerció la prudencia y observó las manifestaciones con aprensión y a distancia. Este factor miedo puede ser lo que todavía salve la agenda de Rouhani.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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