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Psicopatología de Trump se agrava

13 jul 2018 / 00:00

Día a día el presidente estadounidense Donald Trump intensifica sus ataques personales y políticos contra países y jefes de Estado, contra pobres y débiles, y contra familias migrantes. La mayoría de analistas interpretan sus estallidos como gestos para su base de seguidores, pavoneo ante las cámaras o bravuconadas para lograr futuros acuerdos. Nosotros creemos que Trump padece diversas patologías psicológicas: muestra señales de paranoia, falta de empatía y sadismo. La paranoia es una forma de pérdida de contacto con la realidad en la que una persona percibe amenazas inexistentes; al combatirlas, el individuo paranoide puede poner en peligro a los demás. La falta de empatía señala a un individuo obsesionado con su persona, que ve a los otros como meras herramientas y es capaz de provocar daño a otros sin remordimiento, si eso sirve para lograr sus propios fines. El sadismo es experimentar placer en infligir dolor o humillación, especialmente a quienes representan una amenaza percibida o un recordatorio de las debilidades propias. Creemos que Trump posee estos rasgos, y basamos nuestra conclusión en la observación de sus acciones, en su historia de vida conocida y en numerosos informes ajenos, aunque no contamos con una evaluación psiquiátrica independiente. Pero no necesitamos un examen detallado para darnos cuenta de que Trump ya es un peligro creciente para el mundo. El conocimiento de la psicología nos dice que esos rasgos tienden a empeorar en individuos que obtienen poder sobre otros. Para justificar sus acciones agresivas, Trump miente incesantemente y sin culpa. Además, sus íntimos lo describen como cada vez más propenso a ignorar cualquier consejo moderador de su entorno. No hay “adultos presentes” que puedan detenerlo, pues se rodea de adulones corruptos y pendencieros dispuestos a obedecerlo. Como Trump no tiene capacidad real de imponer su voluntad a otros, su accionar es garantía de un ciclo interminable de amenazas, contraamenazas y agravamiento de conflictos. Cualquier retirada táctica es seguida por nuevas agresiones; un ejemplo es el intercambio creciente de medidas comerciales entre Trump y un círculo cada vez más amplio de países y economías, como Canadá, México, China y la Unión Europea. Lo mismo puede decirse de la retirada unilateral de Trump de cada vez más tratados y organismos internacionales. La paranoia de Trump está generando un aumento de tensiones geopolíticas. Los aliados tradicionales, no habituados a tratar con líderes estadounidenses con graves deficiencias mentales, no salen de su asombro, y aparentemente los adversarios se están aprovechando. La historia está llena de individuos con patologías mentales que acumularon inmenso poder presentándose como salvadores y luego se convirtieron en déspotas que causaron daño grave a su propia sociedad y a las ajenas. La fuerza de su voluntad y sus promesas de grandeza nacional les atraen seguidores; pero la enseñanza de estos casos de ejercicio patológico del poder es que las consecuencias a largo plazo son inevitablemente catastróficas para todos. Cualquier medida apropiada para eliminar el peligro (las urnas, el juicio político o la invocación de la 25.ª enmienda de la Constitución estadounidense) nos ayudará a estar a salvo otra vez.

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