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Profanación de la música

21 feb 2018 / 00:01

    Eso es Salomé, ópera que, partiendo de un hecho terrible, dramático y perverso, alcanza cotas de insondable belleza. Por esas características hubo de superar innumerables escollos para ser estrenada, empezando por los mismos cantantes. La soprano dramática Frau Wittich (Salomé) se detenía a cada instante durante los ensayos, exclamando: “Eso no lo hago, soy una persona honesta...”. Si a ello, y a la dificultad extrema de la partitura, que requiere una orquesta de más de un centenar de músicos, se añaden los problemas con la censura, se entiende que Salomé sufriera retrasos en su estreno.

    Strauss amenazó con ofrecer la primicia a Arthur Nikisch o a Mahler, lo que surtió efecto y la ópera se estrenó finalmente en Dresde un 9 de diciembre de 1905, con un éxito extraordinario, solo empañado por la furibunda reacción de la crítica, que llegó a hablar de “la profanación de la música que se utiliza para pintar la perversidad” o de representar hechos “que pertenecen al dominio de la patología sexual”. Otros, como Mahler, mostraron un entusiasmo inmediato: “Es una obra absolutamente genial, de enorme fuerza, que se encuentra entre lo más importante que ha producido nuestro tiempo”. Sin embargo, su propósito de representar la obra en Viena resultó frustrado ante la negativa de la censura a permitirlo.

    En los siguientes 2 años a su “première”, Salomé fue estrenada en más de 50 ciudades del mundo. A pesar de que muchos la consideraron pornográfica, Salomé es, por sobre todo, una ópera representativa del giro posvictoriano experimental del siglo, que despertaba al fenómeno del sexo. Fue una ópera controversial. Recordemos las palabras de Platón: “Un cambio a un nuevo tipo de música es algo de lo que hay que cuidarse como peligroso para todo tipo de fortuna. Porque los modos de la música nunca son perturbados sin alterar las convenciones políticas y sociales al mismo tiempo”.

    Reservemos nuestra última observación para el mismo Richard Strauss: “Se puede considerar a Salomé como un experimento único con material muy particular, pero no recomendado de imitar”.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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