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Presidente, ¡apúrese!

11 ago 2017 / 00:00

    Yo voté por Lasso, como muchos de ustedes. Mejor dicho, como cerca de la mitad de la población habilitada para votar. Pero eso no me impidió darle desde el atrio de las rosas, recomendaciones antes de que asumiera el poder el 24 de mayo. Propuse que genere confianza para atraer la inversión, que incluya a todos, en especial a los más postergados, y que dé muestras de austeridad.

    Han pasado ya ochenta días y más allá del discurso y de algunos gestos, sin duda positivos, nada ha cambiado realmente y la crisis sigue agravándose. A pesar de presentar otro estilo, que invita y a muchos enamora, y a que el diálogo ha permitido un amplísimo espacio para ser escuchados, aún no se siente que el presidente haya expuesto cuál es el Ecuador con el que nos invita a soñar. Que las huestes de Correa, de Glas o de Moreno estén en conflicto, no debería ser lo que prime en las primeras planas de los medios de comunicación. Se acercan los 100 primeros días de estreno del nuevo gobierno y no sabemos cuál es la propuesta estratégica para sacar al país adelante de esta crisis económica y moral en la que estamos y que está impactando sobre todo en el empleo e ingresos de los más pobres. Necesitamos ver con claridad, más allá de los enunciados retóricos de un plan de gobierno, de un presupuesto incrementado o de los índices de buena imagen, a qué “sueño ecuatoriano” nos estamos encaminando, con descriptores claros, entendibles, fiables, que nos permitan engancharnos en esta nueva ciudadanía que se construye a través del diálogo. Necesitamos que usted salga de esa trampa mortal de los implicados en la corrupción sin impunidad. Solo así podemos arrimar el hombro y hacer que los números se inviertan y entonces más de la mitad de la población comulgue también con su ideal de nueva república y no solo con su personalidad. Hay cientos de retos, en especial con los más postergados, el agro y la sociedad civil, y sobre ellos no se han escuchado propuestas contundentes. ¿Construirá ciudadanía subsidiariamente a través de la sociedad civil o no? ¿El agro será considerado como un eje central del desarrollo o seguirá siendo la “última rueda del coche”? ¿La anunciada minga se quedará en otra promesa? Presidente, la historia lo espera, ¡apúrese!

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