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Las “momias cocteleras”

13 sep 2017 / 00:01

    Fue el propio expresidente Correa, que no solamente criticaba y adjudicaba adjetivos peyorativos a los “periodiqueros” y a sus enemigos políticos sino también a gente de diferente oficio y entorno, el que les puso a los embajadores, que llevan la representación del Ecuador a los países del mundo con los que mantenemos relaciones diplomáticas, el apelativo de “momias cocteleras”. Y supongo que este calificativo se debe a que el fundador de la revolución ciudadana debió juzgar que el ejercicio de tales cargos allende las fronteras patrias, tenía relación no solo con actividades solemnes y a veces hasta riesgosas, sino que les daba la oportunidad a los embajadores de llevar una vida fácil, divertida y sobre todo lejana, y por ende tan ajena a los graves problemas de su nación de origen.

    Y, bueno, la diplomacia ha servido para algunos propósitos no solo en nuestro país, pues en todo lugar “se cuecen las mismas habas”. Con cargos diplomáticos se ha premiado a políticos que se entregaron en cuerpo y alma, y beneficiaron con su actividad a sus amigos o camaradas en el poder. Y a veces, también, usando la astucia más que el aprecio, se enviaba a ejercer el trabajo diplomático a quienes no se quería tener muy cerca de la capital, bajo la sospecha de que en el fondo, tales personajes eran proclives a la traición y al “doble juego”.

    Ha sorprendido, no solo a los ingenuos, el hecho de que en instantes en que se discute en nuestro medio político sobre la actitud que debe asumir Lenín, políticamente hablando, frente al partido que lo elevó a las alturas en donde se encuentra -es decir, cambiar radicalmente de rumbo o seguir aunque sea a medias con las directivas de AP, del que es nada menos que su titular o figura máxima-, haya decidido ir colocando en las embajadas ecuatorianas a elementos que son considerados como correístas a tiempo completo.

    ¿Una forma de decirnos que, a pesar de los tuits no muy amables cruzados con su antecesor, no quiere divorciarse definitivamente del correísmo? ¿O una sutil manera que alejar por largo tiempo de la mitad del mundo a quienes considera como posibles conspiradores, por su fidelidad para con el “gran ausente”, perdonándoseme el término velasquista?

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