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Perder-perder

21 abr 2017 / 00:00

    La tensión entre Estados Unidos y Corea del Norte ha llegado a tal punto, que los medios internacionales se preguntan si finalmente estamos ante la nueva crisis de los misiles de 1962, cuando nos encontrábamos, al borde de una guerra nuclear. Yo no veo situaciones más opuestas. Explico. En 1960 teníamos un contexto histórico delimitado: la Guerra Fría. No existía un aparente ganador. Los Estados Unidos y la Unión Soviética iban a la par. Si el uno actuaba, el otro respondía. El objetivo de cada uno era la supervivencia de su sistema. Por eso, ante la posibilidad de perder a su aliado ideológico, una isla tan cercana a los Estados Unidos, y considerando que existían misiles americanos en países fronterizos con la Unión Soviética, la URSS decidió armar misiles nucleares en La Habana. Nos encontramos ante la posible desaparición de la raza humana, pero ante comportamientos lógicos de los Estados en el campo internacional. Lo decisivo fueron los mandatarios del momento: Kennedy y Jrushchov, quienes al ver que el resultado iba a ser la destrucción mutua, prefirieron ambos bajar la cabeza, para poder llegar a acuerdos. Pusieron de lado la importancia de ganar, de mantener un símbolo, al considerar que había peligros materiales en la mesa. Decidieron incluso, ante el peligro de un personaje como Fidel, dejarlo fuera de las negociaciones e informarle después, cuáles habían sido las conclusiones.

    Ahora nos encontramos ante un panorama completamente diferente: no hay una amenaza concreta. Corea del Norte no tiene misil alguno que (geográficamente) pusiera en peligro a los Estados Unidos. Esta vez el peligro no tocó la puerta a los americanos, sino que se aventuraron a ver qué encontraban. Si alguna vez llegamos a estudiar cómo empezó la Primera Guerra Nuclear, no tendremos claros los antecedentes, sino que su causa radicará en la diferencia principal con la crisis del 62: sus mandatarios. Trump y Jong-un parecen no entender la dinámica de la teoría de juegos; para ellos solo hay la opción ganar-ganar. Aunque eso signifique que el resto del mundo tenga que perder.

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